Trabajar sobre el destello: una conversación con el poeta Bruno Montané (parte II y final)

Después de cuatro años, vuelve a casa. La energía que emana su imagen, el aplomo y la camaradería que le caracterizan, lo hacen circular por las calles santiaguinas que en algún momento le tuvieron de niño, cuando se mudó desde Valparaíso con sus padres. Esta vez lo hizo acompañado Luis Lagos, mítico editor de Seix Barral.

Por SEBASTIÁN GÓMEZ MATUS / Fotos: ARCHIVO Y GENTILEZA

-Pero quiero volver a lo que me interesa, que es tu poesía, intrincada con la biografía, claro, pero en un sentido totalmente opuesto a tu amigo, que es no mistificación, no fabulación personal, donde en tu poesía el sujeto es de una neutralidad o una frialdad poco común en la tradición lírica chilena.

“Yo ejerzo el extrañamiento. Soy discípulo de Víctor Shklovski, y no lo digo para fabular. Magnífico ensayista y narrador. Bueno, esto tiene que ver con la genialidad rusa y la tragedia rusa… Es gente que fue defenestrada y sepultada en vida, ¿no?”.

-Tal vez culturalmente los rusos no tienen acceso a un yo tan “hiperventilado” como podría ser en Occidente, tienen el yo castigado por el solo hecho de ser rusos.

“Hiperventilado (risas)… La hiperventilación del yo, el consumo… El consumo errado de energía, que lleva al expolio planetario”.

-Cuando salió “El futuro”, la obra reunida, fue interesante porque me permitió leer hacia atrás de un modo y lo que sigue ahora con una especie de guía… no sé si clarificadora es la palabra, pero al menos intuí que esta poesía escrita a lo largo de 40 años, 50 años, tiene que ver con un tono, como escrita en voz baja…

“Es un tipo de metafísica que procura no molestar al lector. Le invita a algún tipo de interpelación. Es lo que hago en mi cabeza: a ver qué pasa, qué experiencia voy a tener con este poema, con las ocurrencias que se van a dar ahí. En ese sentido, sería una escritura automática entre infinitas comillas. O sería poesía ‘pura’, aunque siempre me gusta el anclaje referencial, la imagen…”.

-Hace rato que no se puede salir de lo metarreferencial, algo que de inmediato engancha con lo que se cree que es literatura (el citaje), pero en tu trabajo casi no hay referencias metaliterarias, es poesía.

Luis Lagos: “Una voz en sordina”.

-Eso me parece interesante porque es una poesía que sólo se ancla en la poesía y no en los marcadores de lo que se supone que es la poesía.

“Creo que es clarinete bajo, como Eric Dolphy, el saxofonista que murió de un shock insulínico en Berlín”.

-¿Crees que tu poesía venga de tu gusto por el jazz? Más que de cierta poesía occidental, catalana, latinoamericana…

“A ver, yo creo que si no hubiera leído “Trilce” (César Vallejo) a los 14 años no escribiría, como les ha pasado a muchísimos jóvenes lectores de poesía. La música es interesante como procedimiento. La experiencia de la escucha, se supone que cuando hay cierto desarrollo de tu experiencia como escritor, cuando escribes hay una escucha. Ahora, sí hay un solapamiento y unos espejos enfrentados entre la palabra y el sonido atemperado, llamado música, atemperado y organizado en el tiempo”.

-Pero en el jazz, por ejemplo, uno distingue cuando es Miles Davis o Chet Baker, hay una voz que está siendo modulada por un instrumento, y me da la impresión de que eso se puede trasladar a tu poesía, que claramente es una voz, pero una voz que no insiste en presentarse como voz, sino que solo modula la música que le llega.

“Qué buen lector eres (risas), no me había dado cuenta. Bueno, en fin, sí, no sé qué decirte. Pero dije extrañamiento. Tengo que darme cuenta de que tú, como lector joven, puedes ver esa perspectiva mejor que yo. El objeto de estudio lo tienes enfrente. Yo siempre tengo como el rumor de lo que he escrito y sin embargo miro hacia atrás y todo eso es como un magma que sostiene una experiencia, pero a su vez todo se podría haber hecho mejor. Entonces, mejor tirar hacia delante. Aunque la acumulación está ahí, y el cauce del supuesto largo solo”.

-Pero ¿cómo lo ves a nivel formal? Cuando uno intenta escribir no sabe muy bien lo que va a pasar, pero vista tu poesía a lo largo de todos estos años, hay una formalidad específica, que en tus poemas se reconoce de inmediato al verla. No sé si hay una insistencia a propósito en esa forma conseguida…

“Yo creo que sí, pero tengo la sensación de que trabajo desde mis limitaciones. Esto incluye que hay un supuesto “formato” en el cual me siento seguro y que puedo trabajar modestamente, es decir, el poema corto”.

-¿Nunca intentaste un poema largo? Bueno, sí, hay unos poemas largos. ¿”Un largo solo” podría ser leído como un poema largo?

“Hace cinco o seis años estoy escribiendo dos poemas largos muy lentamente, que si me permitiera trabajarlos a fondo podrían quizá convertirse en uno. Pero soy muy poco dado a la carpintería, digamos, y al ensamblaje. O sea, como que sigo manteniendo un prurito casi maniático. Prefiero siempre estar trabajando sobre el destello y magnificando, en el sentido más positivo, el concepto de ocurrencia: qué ocurre en el poema. Por supuesto, con todo el rumor de la experiencia de la vida y lo que uno ha venido escribiendo. Y bueno, uno acaba escribiendo como buenamente puede escribir, ¿no?”.

El autor junto a Bruno Montané y Luis Lagos, editor de Seix Barral.

-¿Hay algún poeta que te haya determinado a nivel formal más que a nivel de contenido? Porque el poema corto ya es una determinación formal en cualquier tradición de la poesía. Me refiero a un poeta que tú hayas dicho “esto me persuade y creo que por ahí va la cosa…”.

“Sí, claro, también tiene que ver con el modelo perceptivo de la lectura a una determinada edad, como si eso entrara como un modelo arquetípico que admiras y por lo tanto intentas desarrollar. Por ejemplo, se me ocurre el tándem Teillier-Lihn. Parra también. El mismo Roberto”.

-¿Te gusta la poesía de Bolaño?

“Siempre me sorprende que la gente la achica, para mi gusto, demasiado, al lado de la masa y el magma y el yunque aplastante de la narrativa, en contra de la interpretación de su poesía, cuando es el crisol. Es decir, cualquier poema de Roberto podría convertirse en un cuento”.

-Es muy narrativo. A diferencia de los tuyos. El otro día leí algo en Aira respecto de los poetas herméticos, yo no sé si tú eres un poeta hermético, a ratos me parece que sí…

“Sí, sí… pero me gustaría no serlo (risas). Así como me gustaría ser un poeta político”.

-¿Sí? ¿en qué sentido?

“Eso me pregunto. Conseguir la mezcla imposible: la poesía pura con la referencia social, la crítica antropológica, sociológica; la propuesta política, quizás pospolítica, no lo sé. Algo que sería mutante y probablemente nuevo”.

-Igual lo político, en general, se agota, sobre todo por cómo se lo entiende. Y a lo político siempre le opondría lo poético.

“A ver ¿qué es lo político? Se supone que es la organización social de la vida común a través de organizaciones sociales. Habría que ver el enfoque antropológico sobre esa parte de la actividad humana llamada política. Uno dice “uy, la política” o “no estoy ni ahí con la política”, porque claro, suena a poder, corrupción, colusión, blablá o enredo semántico supremo. Es decir, el capitalismo defiende su economía, la izquierda semántica defiende un posible proyecto social a través de las palabras. Y bueno, la lucha política, la lucha de clases, etc. Todas estas cosas que acaban siendo encapsuladas en la crítica de la realidad toda”.

-Algo que me interesa mucho de tu trabajo es que no tiene autopromoción. Eso ya es una posición política respecto de la recepción de tu trabajo, porque hoy la gran mayoría de los y las poetas son los grandes promotores de su poesía, y da la impresión de que más se dedican a ello que a escribir o a leer a sus contemporáneos.

“Pero eso es normal, es decir el ente biológico que vive en sociedad tiende a comunicarse con los demás (risas). Es decir, los jóvenes hacen su poemita, como por ejemplo el muchacho de ayer que nos dio sus poemas y contó una anécdota trágica, emocional, muy hermosa, sobre la escritura y la reconciliación con su padre ya muerto. El rito de leer su poema o su carta al padre ante la tumba y conseguir al fin quedarse en paz, aplacar la rabia de hijo. Algo que tendríamos que hacer todos cada seis meses, aunque tengamos bien muertos a nuestros padres. ¿Tu padre está vivo?”.

-Sí, pero a una sana distancia.

“A ver, me doy cuenta de que también comienzo a enrollarme y comienzo a usar el mismo procedimiento que perpetro cuando escribo los poemas, es decir, comienzo a asociar… así que vas a tener que editar con mucho cuidado (risas)”.

-Quizá, para finalizar, abrir una perspectiva que todavía no se conoce de tu trabajo, lo que mencionaba Lucho (Lagos), sobre estos apuntes, estos cuadernos escritos en paralelo. ¿Este cuadernaje tiene alguna opción de salida?

“Hay una propuesta en Barcelona, pero para publicar una selección. Estamos trabajando con el editor. Vamos a ver qué propuesta hace él. Ayer me hicieron unas buenas preguntas sobre los procedimientos, sobre cómo presentar los poemas. Por ejemplo, suelo poner los poemas en sentido cronológico, confiando en el cauce del largo solo, pero también es un procedimiento de escritorio que por un lado considero natural, y por otro, si me aplico la autocrítica, quizá podría ser levemente perezoso”.

-¿Y estos cuadernos cómo almacenan eso, ese biorritmo entre lectura y escritura?

“Es como un estado de vibración, como un latido natural, no va hacia nada, es demostración de vida y un poco de pensamiento en ese momento”.

-¿Escribes poemas y no libros de poemas?

“Claro, en parte sí, es eso. Por lo tanto, la tabla de salvación es que hay un largo solo, o sea que hay un cable que une todos esos solos, esos temas. Pero a su vez, claro, a la hora de editar, el espacio del libro es como entrar a una habitación móvil a la que vas a invitar gente y tienes que distribuir el texto de tal manera que invite a la lectura. Por ejemplo, en ‘Un largo solo’ estuvimos moviendo la sección de los poemas de los recuerdos, la íbamos a poner al final, como un apéndice. Y en una primera maquetación estaban en negativo: blanco sobre negro. Sin embargo, luego Ignacio Herrera, el editor, confesó que eso le llamó la atención, esa serie de poemas basados en recuerdos de infancia, y allí pudimos entrar en una edición serenense. Muy respetable su punto de vista como editor de provincia, ¿no? Puesto que la provincia es el centro del mundo (risas). No sé si con esta deriva lo expliqué, pero a mí me gusta decir que es el ruido de fondo: todas las frecuencias que producirán otra cosa. Y hay una acumulación, simplemente”.

Luis Lagos: “Volviendo a tus cuadernos… Hay ahí un magma, diría, científico-filosófico, epistemológico y todo lo que quieras, que los poemas intentan condensar, de alguna manera, lo que está en los cuadernos. Entonces en los cuadernos, por lo menos en uno que tú me dejaste una vez, me dediqué exclusivamente a aquellos pasajes en que hablabas del lenguaje. Y era muy coherente lo que había en el cuaderno con el lenguaje que se nota en los poemas”.

(Montané) “Qué interesante, o sea que después de todo no estoy loco (risas)”.

-Como decía Chesterton: se cree que el loco es el que perdió la razón, pero el loco es aquel que perdió todo menos la razón. Muchas gracias, Bruno.

“ Gracias a ti”.