Tras el adiós de Beausejour, ¡como extrañamos a un “Chino” Arias para la Roja…!

El mejor lateral izquierdo de todos los tiempos del fútbol chileno confiesa que hace años no asiste a los estadios ni mira los partidos por televisión. Por lo mismo, no menciona al sucesor de Jean, pero señala: “Tiempo atrás salió en un diario que yo criticaba al Negro, diciendo que no me llegaba ni a los talones. Créame que jamás dije algo así”.

Es, con pocas dudas, el mejor lateral izquierdo de la historia del fútbol chileno. En otras palabras, juicio más que autorizado para pensar en quién es el más calificado para ocupar esa banda de la Roja que, terminada la Copa América de Brasil 2019, dejó vacía Jean Beausejour. Pero Antonio “Chino” Arias se excusa con una mezcla de amabilidad y de pudor para señalar al indicado, explicando:

“No veo fútbol. Deben ser veinte años o más que no voy a un estadio, y aunque tengo el Canal del Fútbol, raramente lo miro. Menos para los partidos. Es que el fútbol chileno está muy malo. Sinceramente, prefiero ver una película mexicana, que me encantan, o alguna de pistoleros, que desde niño me entretuvieron. Ni siquiera ubico a los jugadores que actualmente ocupan esa plaza en nuestra competencia como para decirle este sí o este no”.

En todo caso, el “Chino”, en su casa de la comuna de Lo Espejo, aprovecha la mención de Beausejour para aclarar: “Tiempo atrás salió en un diario que yo criticaba al Negro, que no me llegaba ni a los talones a mí. Créame que yo nunca dije algo así, por más que muchas veces me hayan mencionado como el mejor en mi puesto de toda la historia del fútbol chileno”.

-¿Y usted, qué piensa cuando lo escucha…?

“Un tremendo orgullo, una gran satisfacción, naturalmente. Pero eso que lo digan otros,  no yo. Es muy feo tirarse flores uno mismo”.

Llegó a Magallanes con 14 años. En aquellos años, vecino del Estadio Nacional, él y sus amigos saltaban la muralla para animar interminables partidos que lo mostraban como un promisorio puntero izquierdo. Arias cuenta:

“Me llevó mi hermano Juan, tres años mayor que yo, y que jugaba ya en las cadetes de Magallanes. Me vio un técnico llamado Antonio López y me dejó. Debuté en 1964, frente a Unión La Calera, ya como lateral izquierdo, pero a pesar de que lo hice bien según las críticas, quitarle el puesto al “Pechuga” Pérez era poco menos que imposible. Y cuando lo logré, no tardé mucho en pasar a Unión Española. Me llamó Abel Alonso para decirme que me quería en su equipo y para conseguirme no titubeó en ofrecerle a Magallanes, aparte de una buena suma de dinero, tres jugadores: Charlín, Díaz y Rubilar. No me pida los nombres de pila, porque después de tantos años se me borraron”.

Fue en el elenco hispano donde, finalmente, se ganó un nombre entre los destacados del medio. Tanto, que el “Ruso” -Salvador Nocetti-, lo convocó incluso a la Selección Chilena. Recuerda:

“De Unión Española, Nocetti sólo me convocó a mí”.

-¿Qué fue lo que lo distinguió como marcador de punta izquierdo, Antonio?

“Creo que la eficiencia en la marca. Costaba que me dejaran botado. No era, tampoco, una tortuga. Piense usted que, en esos años, sobraban en Chile los buenos punteros derechos: Mario Moreno, Rómulo Betta, el “Negro” Sulantay, “Pedro-Pedro” Arancibia y Pedro Araya, el de la U, para mí el más difícil de todos”.

-¿Por qué?

“Todos los otros que le mencioné eran buenísimos, pero el “Chico” Araya, aparte de tener una tremenda habilidad, era velocísimo, y entrando al área no perdonaba. ¿Pero sabe? Creo que, aparte de tener condiciones naturales, yo fui también en gran medida un jugador de laboratorio”.

-A ver, explíquese…

“Yo me sentía bueno en lo que hacía, pero siempre quise ser el mejor en mi puesto. Si Unión empezaba a entrenar a las 10 de la mañana, yo estaba ya a las 9 en la cancha, practicando sobre todo centros. Y terminado el entrenamiento, me quedaba una hora más que el resto, dándole”.

-De los buenos partidos que hizo siempre, ¿recuerda alguno en especial?

“Creo que el del debut en el Mundial de 1974, frente a Alemania. Más que nada por la trascendencia, ¿se fija? Perdimos 0-1, es verdad, pero yo anduve tan bien que me tuvieron que cambiar al puntero derecho. ¿Grabowski, Heynckes? No, no me acuerdo. Es que de eso han pasado ya tantos años…”.

-¿Y recuerda algún partido malo?

“Por supuesto, también los tuve, aunque por suerte fueron muy pocos. Pero si tuviera que elegir uno, fue el jugamos en Ecuador frente a la Liga Universitaria de Quito en esa campaña de la Copa Libertadores de 1975 en que llegamos a disputar la final con Independiente. Fue horrible. El único consuelo, y hasta por ahí no más, fue que del desastre no se salvó nadie. Pero como a nadie le gusta que lo critiquen, me acuerdo que por ese partido me agarré después con Julio Martínez y con Julio Salviat, que era un periodista jovencito de la revista Estadio de aquellos años”.

-¿Tanto fue su enojo?

“¡Claro…! Es que yo, aparentemente tranquilo y limpio, porque nunca lesioné a nadie, era picado. Y como Julio Martínez, que era de Unión, aquella vez nos destrozó, en cuanto se apareció por el vestuario luego de una victoria, le enrostré su crítica anterior. Y en cuanto a Salviat, que también me había hecho pedazos, días después me pidió una nota y yo lo mandé a la cresta. Me dijo: “Lo que pasa, Chino, es que cuando juegas mal es noticia”. Con esa dorada de píldora, ¿cómo no le iba a dar la nota? Me desarmó. Me cerró la boca. Naturalmente que le di la entrevista”.

Con Unión Española fue campeón nacional tres veces: 1973, 1975 y 1977. De Santa Laura y su gente de entonces guarda los mejores recuerdos. Cuenta el “Chino”:

“¿Sabe que a don Abel siempre le firmé en blanco? Así era el nivel de confianza que tenía en él y en la gente que dirigía el club por esos años. Ahora tengo un carnet para entrar al Santa Laura, pero como le dije, no voy hace más de veinte años. Y una vez, que casi obligado me llevó mi yerno, que es colocolino, aparte de ver potos no vi nada más, porque los hinchas albos estuvieron los 90 minutos parados y saltando”.

-¿Dejó de jugar tras colgar los botines?

“No, porque luego de retirarme me fui a trabajar con Eduardo Mingo, dirigente hispano de aquellos años, a la industria de zapatos infantiles Calpany, y durante años -viejito y todo- seguí jugando como amateur por el equipo de la fábrica. Extraño el fútbol de antes. El de hoy siento que ha perdido por completo su esencia”.

-¿A qué se refiere?

“A todo. Vea usted la violencia que hay en las canchas. En mi tiempo, como mucho se armaba entre las barras una guerra con cáscaras de naranja. ¿Qué jugador, además, le va ahora a firmar en blanco a un dirigente, como en aquellos años? Y había jugadores que hoy no existen. La gente iba a ver jugar al “Nino” Landa, a Leonel, a Fouilloux, a Caszely.. ¿A quién pueden ir a ver hoy, cuando la inmensa mayoría le pega fuerte y para arriba no más?”.

Antonio Arias
“La Unión fue campeona de
América por unos minutos”

El “Chino” Arias desclasifica un entretelón muy poco conocido. Es cuando, recordando sus años en Unión Española, y la final copera de 1975, comenta:

“Pensar que por unos minutos fuimos campeones de la Copa Libertadores…”.

-Lo mismo me dijo, tiempo atrás, Pancho Las Heras, compañero suyo en ese equipo. ¿Cuál es su versión de los hechos?

“Terminado el primer tiempo, empatábamos 1-1. Pero camino a los vestuarios la hinchada de Independiente de Avellaneda agredió al árbitro, el paraguayo Ramón Barreto. Si mal no recuerdo, creo que hasta le rompieron el rostro de un piedrazo, y todos los gestos que hizo señalaban que daba por terminado el partido, porque obviamente que en un clima así no se podía jugar la segunda etapa”.

-El partido en Santiago ustedes lo habían ganado por 1-0…

“Claro. Faltaba poco ya para el final cuando, desde fuera del área, el Negro Ahumada metió un balazo que se metió junto a un palo. O sea, que con el empate en Buenos Aires éramos campeones”.

-¿Y qué pasó entre bambalinas para que el partido luego continuara?

“Que los dirigentes de Independiente apretaron de tal manera a Barreto, que el paraguayo seguramente se asustó. Hasta amenazas de muerte deben haber existido. Y frente a eso, no le quedó otra que salir a dirigir el segundo tiempo. En aquellos años jugar la Copa Libertadores te anticipaba todo tipo de triquiñuelas, tanto dentro de la cancha como fuera”.

-Al final llegaron a un partido de definición en Paraguay.

“Es cierto. En Avellaneda al final perdimos 3-1, en un clima infernal, y en Asunción los argentinos impusieron sus términos y se quedaron con la Copa”.

Destacado

“¿Sabe que a don Abel siempre le firmé en blanco? Así era el nivel de confianza que tenía en él. Tengo un carnet que me dieron los nuevos dirigentes para entrar al Santa Laura, pero como le dije, no voy hace más de veinte años, excepto una vez que acompañé casi obligado a mi yerno, que es colocolino. ¡Y salvo potos no vi nada, porque los 90 minutos estuvieron parados y saltando…!