Treinta años sin Kurt Cobain: el legado de un creativo que marcó a toda una generación

Desconcierto y angustia fue lo que generó en todos los seguidores de Nirvana la noticia que comenzó a circular el fin de semana del 8 y 9 de abril de 1994 y que daba cuenta de la supuesta muerte del líder de una de las bandas grunge más reconocidas por esos años. Esta es la crónica de una tragedia musical y humana…

Por Rodrigo Cabrillana / Foto: ARCHIVO

Recuerdo un violento y atroz despertar la mañana del sábado 9 de abril de 1994. Mi madre llegó hasta mi habitación para contarme que uno de los músicos más influyentes de los últimos años, Kurt Cobain, se había suicidado de un tiro en la cabeza. Demoré unos minutos en reaccionar, espabilar y, aun así, literalmente no entendía nada de lo que estaba ocurriendo.

Era mediados de los ’90, una época de acrecentamiento de la economía mundial, el auge del neoliberalismo americano. Y los marcados años de lo que también será una filosofía existencialista con una tendencia fuerte en el individualismo. En Chile vivíamos la transición, salíamos de casi dos décadas de dictadura, y la apertura cultural era cada vez más sólida.

El grunge había aparecido como un movimiento emergente y un sonido de guitarras distorsionadas proveniente de la verde ciudad de Seattle, Estado de Washington, noroeste del país. Se le reconocía por tratarse de un subgénero del rock alternativo, influenciado por el punk, por el noise, por el hardcore punk y por el metal. Aunque mantenía algunas estructuras musicales provenientes del pop rock clásico… Esta subcultura juvenil adoptó también una mirada contracultural y under. Pero muchos conjuntos terminaron siendo parte del ambiente mainstream, debido a que sus canciones se popularizaron mucho más rápido de lo que sus mismos autores imaginaron.

ÉXITO Y ANGUSTIA

De hecho, “Nevermind”, el elogiado disco de Nirvana publicado en 1991, había vendido miles de copias y generado toda una explosión de popularidad. Y con ello había llegado la mediatización, la fama mundial y la exportación de una estética musical que proclamaba la desesperanza, el pesimismo existencial y la crítica al consumismo, el sexismo y la competitividad en sus diferentes líricas.

Por lo mismo, toda esa sobreexposición había generado en Cobain un rechazo total. A lo que estaba viviendo como un artista que estaba siendo reconocido y tal vez ¿sobrevalorado en todo el mundo? Porque si bien es reconocido como un genio musical de su generación, también es uno más de los tantos músicos que fueron parte de esta trascendente ideología del grunge. Y donde también brillan con luz propia Chris Cornell, Jerry Cantrell, Layne Staley, Eddie Vedder y tantos otros que tenían mucho que decir.

El tema es que la información del fallecimiento de Cobain comenzó a circular por distintos canales, y se tomó la prensa musical que predominaba en los diversos medios de cultura y espectáculos. Por ejemplo, el diario La Tercera tituló ese sábado 9: “Se suicidó Kurt Cobain, líder del grupo Nirvana”. La nota hace énfasis en que el acto se habría consumado producto de todos los problemas que estaba viviendo el músico y los que al parecer estaban “hipertrofiados por la fama”.

REBELIÓN EN SEATTLE

De hecho, Kurt había estado internado por una sobredosis de medicamentos y champaña en Roma, había cancelado el resto de la gira europea con Nirvana y además también había suspendido su participación en la edición del Festival Lollapalooza. A eso sumarle que había declarado su adicción a la heroína y otros estupefacientes, lo que había generado polémica pues era padre, tenía además una relación dificultosa con Courtney Love, su mujer, y finalmente había sido denominado como el “héroe maldito” de esos años.

Inclusive la nota destaca que “Cobain creció en la atmósfera de rebelión de la ciudad de Seattle. Era uno de los líderes naturales del grunge, un movimiento existencialista urbano que aglutina el rock duro y la veneración de los escritores rebeldes y alternativos como Jack Kerouack y William Burroughs, otrora ‘musas inspiradoras’ de la generación beat”.

Entonces, a todas estas circunstancias, en su momento Cobain debió salir a aclarar que el uso de drogas era para calmar el dolor crónico que tenía del estómago desde hace muchos años. Pero, igualmente confirmó en una entrevista para Rolling Stone, que (…) también dejaba traslucir otro problema que le afectaba: la tristeza, producto de toda la tensión sufrida y el sistema de vida que llevaba, debido a que su fama los puso “en otro nivel de compromisos y vivencias”.

ARTISTA INCOMBUSTIBLE

Kurt, por tanto, era un alma disidente, atormentada y afligida. Articulaba sus emociones por medio de sus canciones, pero llegó un momento que no pudo soportar más su dificultosa realidad, y un 5 de abril decidió dejar abruptamente este mundo.

“Las fuerzas del mal terminaron por vencerlo, o según como se mire, buscó esa salida para no sentirse derrotado” finaliza la nota de La Tercera. El plano existencial de Cobain nos dejó penosamente, pero la luz de sus canciones nunca se apagará.