Tres años de la Roja a la deriva: gracias por nada, Rueda…

Tras el fracaso de su proceso, Reinaldo Rueda se llevó al Caribe una pesada valija cargando la frustración de los hinchas de la Roja, que, con la ya desfalleciente Generación Dorada, se acostumbraron al «caviar» después de un siglo de soportar el atún…

Por DANIEL PÉREZ PAVEZ

El paso de Reinaldo Rueda por la selección chilena, en tres años casi exactos, dejó una amplia brecha de decepción y un sentimiento de malestar generalizado por la incongruencia entre el «cartel» del técnico que trajo Arturo Salah a la Roja y los resultados de un trabajo insuficiente, débil y plagado de situaciones inescrutables. Y es que el “profesor” e instructor de la FIFA se amparó en un silencio y aislamiento incomprensible para quien debía responder en la cancha y fuera de ella por los planes que no se cumplieron y los 36 meses de millonaria inversión en un proyecto fracasado.

Una antigua funcionaria de la ANFP que trabajó muy cerca suyo en Juan Pinto Durán, confidenció en una relajada reunión de colegas que “don Reinaldo nunca terminó de acostumbrarse en Chile y su esposa tampoco se sentía cómoda en nuestro país”. Acaso una sencilla radiografía de la personalidad del hombre que tenía la tarea de manejar un camarín encabritado y un grupo de estrellas internacionales que en la última década siempre le tomaron el pulso y terminaron “orientando” las decisiones de los entrenadores que pasaron después de Marcelo Bielsa y Jorge Sampaoli.

En el inicio de su ciclo, el 22 enero de 2018 una crónica surrealista de As relataba que “Arturo Salah y sus colaboradores le dieron una alegre bienvenida a triple R”, como si alguien pudiera imaginarse una cita llena de jolgorio entre ambos protagonistas.  

En rigor, ahora dispuesto a recuperar prestigio en su vuelta a la Selección Colombia, Rueda se fue de Chile sin pena ni gloria dejando la sensación de que nunca debió venir, y que su presencia fue tan dañina para el fútbol chileno como para su propia valoración profesional.

Nunca pudo “conservar un ADN de fútbol atractivo y vistoso”, como se lo propuso al comienzo. También en su planteamiento teórico  aseguró que “me importa más el estilo que el sistema”, mientras que sus colaboradores –entre quienes tuvo a un dentista que oficiaba de sicólogo- lo definieron como “un profesional exigente y motivador”, dos cualidades que quedaron en su currículum.

Asimismo, sus números fueron tan deslavados como el sistema de juego que no logró inculcar al grupo:  de 27 partidos disputados, obtuvo nueve triunfos, ocho empates y 10 derrotas. Fueron apenas 35 de 81 puntos disputados, con un 43% de rendimiento. Y sólo en partidos oficiales, logró apenas un 37% de efectividad.

Es cierto que recibió un camarín quebrado tras la pugna entre Arturo Vidal y Claudio Bravo que tampoco supo gestionar, pero a favor de su balance queda el cuarto lugar de Chile en la Copa América de Brasil y el debut de 26 jugadores en su proceso. Tampoco, es claro, nadie discute su decencia y educación en un ambiente tan proclive a técnicos que patean heladeras en los estadios o se llevan fortunas aprovechando la complicidad de dirigentes estafadores…

En definitiva, entre su exasperante silencio y esa pasividad que a ratos trasuntaron incapacidad, Rueda se llevó al Caribe una pesada valija que carga la frustración de los hinchas de la Roja, que, con la ya desfalleciente Generación Dorada, se acostumbraron al caviar después de un siglo de saborear el atún. Al fin, es un alivio que venga otro técnico a reconstruir el desastre y sólo queda soltarle a Rueda el inevitable “gracias por nada” como despedida de una etapa desaprovechada y difícil de recuperar ahora que Vidal, Alexis y Bravo ya inician el camino de «vuelta»…