U. Católica le vendió pan a Colo Colo

En el Monumental, reducto siempre difícil, el cuadro “cruzado” superó en toda la línea al Cacique, venciéndolo por 3 a 2. El marcador sugiere un equilibrio que jamás existió. El equipo de Salas sólo hizo más honorable su derrota con más ganas y temperamento que fútbol.

Un antiguo dicho, ya en desuso por el dinamismo del lenguaje, señalaba que alguien le “había vendido pan” a un rival de discusión dialéctica o fortuito rival en alguna pelea de barrio. Graficaba, ni más ni menos, una superioridad incontrarrestable que no admitía ni la más mínima duda acerca de quién había resultado ganador, casi siempre por paliza. En el Monumental, y más allá del  engañoso resultado final, que sugiere un equilibrio que jamás existió, Universidad Católica le vendió pan a Colo Colo con un 3-2 que, además, le quitó el invicto y el liderato del Campeonato Nacional.

Baste decir que, a falta de veinte minutos para el final, el vigente campeón del fútbol chileno se imponía con un rotundo 3-0 que no admitía excusa alguna, por más que en el tanto de la apertura del cuadro “cruzado” fallara Insaurralde y luego, en el tercero, Barroso cometiera un error grosero e impropio de un jugador de su oficio y jerarquía. Porque errores hay siempre, sólo que es mérito del cuadro rival el saber aprovecharlos.

Para decirlo pronto, Universidad Católica fue muy superior a este Colo Colo que, sólo mediante una levantada final más con corazón que con fútbol, evitó lo que ya estaba siendo goleada indiscutible y con visos de ser en cualquier momento aumentada.

Con el amplio 3-0 a favor, flotaba en el ambiente la impresión más que certera que, si alguien podía anotar uno o dos goles más, esa era Universidad Católica, que con su juego, su personalidad y su temperamento, por momentos le había pasado por encima al rival, al punto que los olés que comenzaron a surgir desde su barra eran únicamente la reacción más que adecuada para lo que estaba ocurriendo en la cancha.

Colo Colo, hasta ahora puntero, sufría una goleada justificada y hasta rozaba el papelón de comerse una boleta impensada.

El cuadro de Salas fue muy poquita cosa. Si no dejó a su hinchada con un sabor de boca aún más amargo eso es sólo atribuible a ese ADN que, más allá de épocas y jugadores, lo ha distinguido desde siempre. Un ADN al que el “Cacique” debió echar mano una vez más para hacer un poco más estrecha y honorable su derrota y que, por esas cosas que tiene el fútbol, y de allí su capacidad de seducir a multitudes, hasta lo puso increíblemente al borde del milagro, de una remontada que habría sido sin duda histórica.

Si el partido hubiese terminado igualado 3-3, nadie hubiese podido objetarlo. A esta hora, de seguro, se estaría discutiendo larga y sesudamente acerca de si había sido justo o injusto. Pero ya se sabe que en el fútbol tales discusiones son tan eternas como improductivas.

Lo que sí, habría necesario hablar del espejismo presenciado luego de 90 minutos de juego. Porque claramente habría sido un espejismo el que Colo Colo hubiera rescatado ese punto del cual estuvo siempre tan lejos y tan desprovisto de recursos.

Ausente por una fecha más Valdivia, consciente de que ni Paredes ni Valdés tienen a esta altura de sus carreras fuelle para 90 minutos, que se suponían tan intensos como en verdad lo fueron, Salas echó mano ofensivamente a lo que en este momento tiene, que de verdad no es mucho que digamos.

Costa, más allá de su aparición goleadora ante Curicó Unido, en la fecha tres, sigue sin justificar su incorporación con el pretencioso rótulo de “refuerzo”. Se conocen, además, las grandes limitaciones de Vilches y Morales, los otros dos atacantes. Si no tienen espacios, y no son tampoco bien asistidos, no cabe esperar de ninguno de ellos el arresto individual que produzca una jugada con ventaja.

A ellos hay que sumar a Alarcón, un muchacho que, a pesar de su manifiesta intrascendencia, hasta aquí había venido pasando “colado” merced a los resultados favorables del equipo. Frente a un cuadro ducho, experimentado, que además presiona y bien, porque no le queda otra para refrendar su título y tener un nivel copero competitivo, el juvenil albo simplemente no existió.

Mientras Universidad Católica tuvo claro desde un comienzo a lo que jugaría, lo de Colo Colo no pasaba de tibios e inconducentes balbuceos.

La primera etapa sólo concluyó con un mezquino 1-0 para el elenco “cruzado”, pero por expresión futbolística de uno y otro la diferencia, está claro, había sido muchísimo mayor. Basta decir que, luego de 45 minutos más descuentos, Colo Colo sólo exigió a Dituro luego que, a los 41 minutos, y ante la imposibilidad de penetrar líneas, Pavez lo probara con un remate desde fuera del área al cual tuvo que acudir Kuscevic para enviar al córner tras el rebote que dio el arquero.

El que ingresara Mouche, para la segunda etapa, fue pues de lo más lógico. Independiente de lo que jugara, el argentino no podía ser menos que Morales. La hinchada alba esperaba, además, los ingresos de Paredes y el “Pajarito”, pero Salas se guardó ambas cartas para otro momento, a sabiendas de que ninguno de ellos está para siquiera un tiempo completo.

El hecho cierto es que, más allá del ingreso de Mouche, Universidad Católica seguía siendo superior. Mientras la defensa “cruzada” marcaba aplicadamente, y anticipaba siempre que sus hombres podían, su mediocampo funcionaba como un relojito con Fuentes, Aued y un Pinares con sed de revancha. No era todo: Fuenzalida, Sáez y Puch amenazaban a cada momento con desbordar una defensa que por el centro era lenta y no daba nada de seguridad.

El 2-0 conquistado por Sáez, con una defensa alba desbordada y a esas alturas regalada a la búsqueda ciega del empate improbable, se estimó que liquidaba el encuentro. Con mayor razón luego que Barroso quedara corto en su cesión al arquero y el impensado regalo lo aprovechara Sáez para el tercero.

¿Asunto liquidado? Por marcador y juego, no cabía ninguna duda. A esas alturas, la hinchada alba incluso presintió el bochorno tan vergonzoso como lapidario.

Los goles de Vilches, sin embargo, le dieron al partido un dramatismo impensado y que jamás había tenido. Incluso increíble para lo que había sido el encuentro. Con más temperamento y ganas que fútbol, Colo Colo hasta se puso a tiro.

Faltando dos minutos para el término del tiempo reglamentario, incluso, Dituro se mandó la atajada del partido para detener sobre la línea un cabezazo de Paredes que ya se colaba.

Habría sido irrefutable, de acuerdo a los parámetros del fútbol. Pero muy, muy mentiroso de acuerdo a lo que se había visto. Claramente, Universidad Católica había llegado al Monumental a “venderle pan” a Colo Colo y, de paso, sacarle lustre a su chapa de campeón.

PORMENORES

Torneo Nacional. Quinta fecha.

Estadio: Monumental.

Público: 36.712 espectadores.

Arbitro: Piero Maza.

COLO COLO: Cortés; Campos, Barroso, Insaurralde, Opazo; Alarcón  (57’ Valdés), Baeza, Suazo; Costas (57’ Paredes), Villches, Morales (46’ Mouche).

U. CATÓLICA: Dituro; Magnasco, Kuscevic, Huerta, Cornejo; Aued, Fuentes, Pinares (63’ Lobos); Fuenzalida (71’ Buonanotte), Sáez (81’ Riascos) y Puch.

GOLES: Para Universidad Católica, Fuenzalida a los  14’ y Sáez a los 60’ y 70’; para Colo Colo, Vilches a los 73’ (cabeza) y 85’.

Tarjetas amarillas: en Colo Colo, Costa y Mouche; en Universidad Católica, Aued, Fuentes, Pinares y Puch.