Entrenadores de fútbol

Un entrenador de fútbol necesita más que nadie de una gran fortaleza mental

El fútbol es tan masivo, tan popular, que no es necesario ser un entendido para atreverse a opinar. El director técnico suele ser siempre el “chivo expiatorio” de los momentos malos de un equipo, pero eso hay que saber asumirlo, porque es parte de esta hermosa profesión.

Por GERARDO SILVA

El fútbol es una actividad muy especial, donde muchos se sienten con el derecho a opinar. Después de todo, es un juego del que todo el mundo puede participar. Algunos lo practican, otros lo dirigen y la gran mayoría lo observa.

Este hermoso deporte es claramente patrimonio de la humanidad, todos se sienten dueños de él y con derechos para opinar sin restricciones de las bondades que éste ofrece, por lo que acabo de exponer. Ser entrenador de cualquier equipo de fútbol que se mueve en esta dinámica te sitúa en una posición compleja y siempre expuesta.

Por cierto, tu trabajo y tus decisiones son sometidas permanentemente a un juicio público. Nosotros nos preparamos más que el resto, nos auto exigimos  para conocer profundamente este deporte con todo lo que ello implica: conocimientos físicos, técnicos, tácticos, psicológicos, reglamentarios y otros, que tienen que ver directamente con metodología de trabajo. Nuestra labor docente nos obliga a estar siempre actualizados, para enfrentar así los diferentes escenarios laborales.

Nuestra obligación es estar educando a nuestros deportistas, y, por otro lado, entrenando convenientemente para conseguir el mejor rendimiento de cada uno de ellos. En esta dinámica vamos decidiendo cosas.

La gente común poco nos ve trabajar, pero no obstante poseen una opinión al respecto de nuestro quehacer. Subjetiva, por cierto. Su conocimiento es absolutamente superficial, pero eso le basta para opinar como el mejor los entendidos. En estos tiempos se hace común que, personas que son sólo aficionados y seguidores de la actividad, te cuestionan e intenten argumentar sin fundamento válido alguno.

Debe ser de lo más ingrato que los entrenadores debemos soportar, y digo soportar porque justamente es lo que se debe hacer. No podemos bajar a la categoría de ellos para discutir, y contra argumentar. No es necesario, no vale la pena, nada se conseguirá. “Es que yo no hubiera hecho eso”, “Ese no era el cambio indicado”, “El planteamiento no fue el correcto”, y así con mucha liviandad surge un montón de cuestionamientos más.

Claramente no vale la pena discutir y menos defenderse. A ellos los supera la pasión, cosa que nosotros los entrenadores tenemos que procurar por todos los medios que no nos suceda. Debemos y tenemos la obligación de mantenernos tranquilos, estoicos y serenos, porque al fin y al cabo nosotros elegimos participar de este particular trabajo que por lo inmensamente popular que es, estamos destinados a escuchar pasiones y no razones. 

Por todo lo que expreso en esta columna, soy consciente de que nosotros, los entrenadores de fútbol, somos personas especiales, gente con valores y principios muy bien aprendidos. Quizás la más grande de las cualidades que poseemos es la capacidad de empatizar y la tolerancia extrema para soportar tamaña injusticia social. Definitivamente, somos gente valiosa y con una gran fortaleza mental.

Desde esta tribuna que me cayó del cielo como una gran bendición, le rindo un especial homenaje a todos los técnicos de fútbol del mundo, pero con especial cariño a todos mis colegas chilenos. Sigan luchando con dignidad para que algún día sea reconocida vuestra labor profesional.