Un “paleocovid” arrasó con la población de Asia hace más de 25 mil años

Investigaciones universitarias de Estados Unidos y Australia demostraron que esa antigua pandemia sirvió de escudo para que esta vez en Asia hubiese una cantidad ínfima de víctimas fatales.

Por ANDRÉS ALBURQUERQUE F. / Fotos: ARCHIVO y AGENCIAS

La interrogante estaba en las mentes y en las bocas de muchos científicos, médicos e investigadores: ¿Por qué, si el covid 19 surgió en Asia -y en China se extendió como mancha de aceite- se produjeron en ese país y continente tan pocas víctimas mortales?

Los genomas humanos modernos contienen información evolutiva que se remonta a cientos de miles de años, incluidas adaptaciones fisiológicas e inmunológicas que nos han permitido sobrevivir a nuevas amenazas, incluidos los virus, y los coronavirus son una gran familia de virus que suelen causar enfermedades leves o moderadas de las vías respiratorias superiores, como el resfriado común.

Sin embargo, en las dos últimas décadas algunos coronavirus nuevos han surgido de reservorios animales, para causar enfermedades graves y generalizadas, y muertes en el mundo (como el SARS, que en 2002 mató a 800 personas y cuatro años después el MERS-CoV, que sumó 850 víctimas).

Pero sin duda la variante más letal ha sido la última, que surgió en China en diciembre de 2019 y que fue declarada pandemia mundial por la Organización Mundial de la Salud el 11 de marzo de 2020. Aunque no está completamente controlada, se sabe que ya ha provocado la muerte de cerca de 3,9 millones de personas en el mundo. No obstante, según los datos oficiales, en Vietnam, China y Japón el total de muertos han sido apenas 19.375.

Impulsados por la perplejidad, un grupo de investigadores de universidades de Estados Unidos y Australia, se pusieron a estudiar el ADN de 2.500 personas de 26 poblaciones mundiales en busca de trazas de mutaciones producidas como defensa contra antiguas enfermedades.

El covid 19 surgió en China en diciembre de 2019.

Los científicos aprovecharon el “Proyecto 100.000 Genomas”, una iniciativa británica para secuenciar y estudiar el papel que desempeñan nuestros genes en la salud y la enfermedad, que estaba listo en diciembre del año 2018 y que es público.

Según estudios de ADN (foto principal), las antiguas epidemias víricas pueden identificarse a través de mecanismos de adaptación en el genoma del huésped. Así, los estudios de paleovirólogos que utilizan métodos genéticos y pruebas de ADN han demostrado que los coronavirus datan de hace más de 20 mil años, y, además, proceden de Asia Oriental.

Los estudios descubrieron que una mortífera variante de este virus de covid, producida hace más de 25 mil años, arrasó con gran parte de la población de Asia Oriental, especialmente en los países que ahora tienen una mortalidad tan baja. El código genético fue observado detenidamente en busca de elementos fuera de lo común, y pronto se hallaron secuencias distintivas en los genes que destacaban en las poblaciones de China, Vietnam y Japón.

“Es como encontrar huellas fosilizadas de dinosaurios en lugar de encontrar directamente huesos fosilizados. No hemos encontrado directamente el antiguo virus que provocó la epidemia, pero sí ‘firmas’ de la selección natural que impuso en los genomas humanos de la época”, afirma David Enard, catedrático de Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Arizona (EEUU).

Pronto los científicos descubrieron que los cambios habían empezado hace unas 900 generaciones, por lo que el peor momento de la epidemia se debía situar unos 25 mil años atrás. Por el contrario, a partir de 500 generaciones las mutaciones se empezaban a reducir, hasta estabilizarse el gen hace unos cinco mil años, fecha en la que terminaría la epidemia al ser superado el virus por las nuevas defensas.

Esta mejora del genoma fue clave para convertir a la población del noreste de Asia en más resistente a una enfermedad que ha golpeado repetidamente la zona en sucesivas epidemias, producidas por nuevas mutaciones del virus.

Tras identificar los rasgos y extensión de esa antigua epidemia, una segunda fase del estudio fue comprobar si las respuestas defensivas detectadas podrían servir hoy. El profesor Kirill Alexandrov y su equipo de la Universidad de Queensland, en Brisbane (Australia), se encargaron de verificarlo, y encontraron algunas mutaciones que todavía nos sirven de escudo contra el virus y que serán incorporadas a las próximas vacunas.

Estudios como estos ayudan a los investigadores a compilar una lista de virus potencialmente peligrosos y a desarrollar diagnósticos, vacunas y fármacos para el caso de su reaparición. Aunque, según muchos genetistas evolutivos, tales predicciones no son fáciles y no pueden aceptarse fácilmente, tal como ocurrió con el covid 19.

David Enard, científico de la Universidad de Arizona.