Una desordenada y hasta caótica Roja no pudo con Costa Rica

El cuadro nacional cayó por 3 a 2 jugando muy mal frente a un cuadro que sumaba nueve partidos sin ganar. Lo preocupante, además del pobre nivel futbolístico exhibido, es comprobar la confusión en que parece haber caído Reinaldo Rueda y, por ende, el equipo. ¿O es que el colombiano quiere irse tras percatarse de que nuestro fútbol carece de material humano para un adecuado recambio?

La patriada final, para transformar en derrota digna lo que era una goleada, no puede hacer olvidar lo mal que jugó la Roja. Cayendo por 3 goles a 2 frente a Costa Rica, en el estadio El Teniente de Rancagua, el cuadro nacional repitió la flojísima actuación que le cupo frente a Perú, en Miami, y lo peor de todo es que muestra no sólo una clara involución, sino que cae en un desconcierto que proviene desde la misma cabeza: el director técnico Reinaldo Rueda.

Si en aquellos partidos jugados en Europa, a comienzos de este proceso, pareció que la Roja iba poco a poco recuperando parte al menos de aquellas virtudes que le llevaron a consagrarse bicampeón de América, con el correr de los encuentros, sin embargo, su juego ha ido decayendo a niveles alarmantes.

Es que ya no se trata solamente de que el equipo muestra partido a partido delanteros incapaces de llegar a la red. A esa falencia, que se ratificó una vez más en Rancagua, hay que sumar un sostenido aumento de la inseguridad defensiva, la falta de luces en el mediocampo y la carencia absoluta de ese jugador capaz de hacer que el juego pase por su equipo y no por el juego del rival.

Para decirlo pronto, la Selección se ha ido transformando en un equipo caótico. Y la pregunta q ue cabe, viendo las últimas decisiones de Rueda, y la bizarra conferencia de prensa que dio en la víspera, en que hasta tuvo el descriterio de pedir por anticipado las preguntas que los periodistas le harían, es ¿cuánto tiene que ver en ello que el que tiene la responsabilidad de conducir parece haber perdido por completo la brújula?

No se entendió, de partida, la nominación de Paredes. No sólo porque, con 38 años, ya no puede estar ni siquiera para la Copa América del año próximo; es que el goleador albo, además, viene jugando muy mal, y no ha podido sustraerse a la mediocridad de su equipo.

¿Dónde queda, además, su discurso de que él buscaría esa renovación de valores que le pidió la dirigencia con miras a las clasificatorias rumbo a Qatar? Y si convocó a Paredes, ¿por qué no a Marcelo Díaz o a Eduardo Vargas?

La confusión en la cabeza de Rueda, necesariamente, tiene que permear a sus jugadores. ¿Cómo se entiende, además, su juicio terminante en el sentido de que mientras él sea director técnico seguirán jugando Junior Fernándes y Angelo Sagal, en circunstancias que ninguno de ellos ha estado a la altura de las exigencias de la alta competencia? ¿Y cómo se entiende, además, que saque a Fernándes para que entre Opazo y ubicar a Isla como extremo, cuando el “Huaso” jamás en su vida se ha desempeñado allí? Porque una cosa es pasar con sorpresa y otra muy distinta estacionarse junto a la raya para intentar el desborde.
No sólo eso: por estatura siempre privilegió a Roco, Maripán y Lichnovski como zagueros centrales, señalando en forma tajante que Medel, para él, tenía que desempeñarse como volante de contención. Y ocurre que, lesionado Roco, hizo entrar a Reyes, pasando como zaguero central… el “Pitbull” Medel. ¿Para qué diablos, entonces, tenía en la banca a Kuscevic?

A lo mal conformado del equipo, a cambios de posición poco entendibles, se sumó lo mal que se jugó.

En el papel, teóricamente al menos, la Roja tenía que ganarle a una Costa Rica que arrastraba una campaña de nueve partidos sin vencer, con ocho derrotas y un empate. ¿Qué ocurrió? Lo que le suele ocurrir al fútbol chileno cuando juega “de grande a chico”. Pensar que para ganar basta con la camiseta y que, como la diferencia es tanta, que la victoria llegará igual, incluso con displicencia incluida.

Esa estúpida arrogancia, que nos costó quedar fuera de Rusia 2018, no se ha extirpado del todo. La Roja partió jugando a media máquina ante ese “equipito” destinado a ser víctima propicia. Mientras Vidal pretendía mostrarse como esos “centro half” de la Argentina previa a Menotti (elegantes y finos), Sánchez se empeñaba en driblear rivales que, a su excelente recuperación, sumaban la solidaridad incombustible del resto. El resultado era un equipo no sólo lento en la salida, sino además previsible para un rival de defensa firme y bien parada.

Sumémosle a eso que Fernándes una vez más no existió, que Paredes pudo entrar muy poco en juego, y que por las bandas Islas pasaba a ratos y por el otro extremo Vegas nunca, para tener el panorama claro: Chile mostraba, una vez más, que a pesar de sus nombres no hacía daño. Porque salvo un rechazo desde la línea, tras un disparo suave de Alexis que el arquero alcanzó a tocar primero con el guante y luego fortuitamente con el botín, para que la pelota se frenara, la Roja no llegó mucho más.

Frente a ese equipo insulso y claramente limitado, Costa Rica se fue poco a poco atreviendo. Y si bien abrió la cuenta merced a un cabezazo de Waston, tras un córner, la jugada previa que armaron los “ticos” hizo recordar las que frecuentemente arman el Manchester City o el Barcelona, porque tocaron una y otra vez frente a rivales que sobre el campo de juego parecían postes.

Si la primera etapa para la Roja había sido rotundamente mala, la segunda fue de pesadilla. Minuto 59: el grandote Waston, en otro tiro de esquina, la empujó sobre la boca del arco luego que nadie pudiera resolver adecuadamente. Minuto 64: en un veloz contragolpe, Matarrita se llevó con velocidad y fuerza a Opazo para meter el zurdazo que dejó sin opción alguna a Herrera.

El lapidario 3 a 0 hizo recordar, inevitablemente, el papelón sufrido frente a los peruanos. Y a juego perdido, Rueda recurrió a cambios que tenían lógica, pero igual llevaban a preguntarse por qué no antes: hizo ingresar a Bolados por Isla, a Sagal por Vegas y a Castillo por Paredes. “Toda la carne a la parrilla”, como acostumbran decir los chuscos.

Y más con ganas que con fútbol, más con desesperación que claridad, la Roja empujó lo suficiente para descontar un par de veces y hasta desperdiciar un penal que pudo ser clave para evitar el papelón: puesto Alexis en la instancia, quiso repetir su tiro de la final de la Copa América de 2015, de tan mala forma que el arquero “tico” alcanzó a repeler con una pierna. ¿Cuántas veces no se ha visto esa imagen de Sánchez frente a Romero?

Tras la derrota, cabe la reflexión: ¿verdaderamente Rueda cayó en una total confusión o es que, tardíamente, se dio cuenta de que se había equivocado al asumir este proceso de obligada renovación de un equipo que tantas satisfacciones brindó?

A estas alturas, el colombiano ya debe haberse dado cuenta de sobra que nuestro fútbol no produce jugadores de real nivel internacional a cada rato, y menos posibilidades hay de que ello ocurra con las Sociedades Anónimas que tenemos, que invierten lo mínimo en las series menores. Más bien las utilizan para meterle el dedo en la boca al Fisco, eludiendo descaradamente impuestos.

Está claro, a estas alturas, que se acaban Medel, Sánchez, Vidal y Valdivia y que los que vienen de atrás están a kilómetros de distancia.

PORMENORES
Partido amistoso internacional.
Estadio: El Teniente, de Rancagua.
Público: 9.758 espectadores.
Arbitro: Germán Delfino (Argentina).

CHILE: Herrera; Isla (74’ Bolados), Roco (38’ Reyes), Maripán, Vegas (74’ Sagal); Medel, Pulgar; Fernándes (46’ Opazo), Vidal, Sánchez; Paredes (64’ Castillo).
COSTA RICA: Alvarado; Calvo, Waston, González; Smith (86’ Salinas), Cruz (82’ Flores), Borges, Matarrita; Ruiz (70’ Cubero); Campbell y McDonald (76’ George).
Goles: Para Chile, Vegas a los 70’ y Sánchez a los 89’; para Costa Rica, Waston a los 35’ (cabeza) y 59’, y Matarrita a los 64’.
Incidencia: Alexis desperdió un penal a los 81 minutos.
Tarjetas amarillas: en Chile, Isla, Reyes, Medel y Maripán; en Costa Rica, Waston y González.