Una Roja carente de “punch” se rindió ante Honduras

Chile tuvo la pelota durante todo el primer tiempo, pero pocas veces supo qué hacer con ella. Por lo tanto, es una falacia sostener que el cuadro de Rueda hizo en esa etapa un buen partido. Los cambios le viraron el rostro al cuadro centroamericano, que nos pasó por arriba en la segunda parte para superarnos 2-1.

Luego de un primer tiempo aceptable, la Roja se desmoronó completamente en la segunda etapa, cayendo sin excusas ni atenuantes 1-2 frente a una selección centroamericana apenas discreta, como Honduras, y que lucha denodadamente por no salir de los seis primeros lugares de la región, que le darían posibilidades de luchar por una clasificación al Mundial de Qatar 2022.

Y si decimos que la primera parte del encuentro disputado en el Olímpico de San Pedro Sula fue apenas aceptable por parte de la Selección Nacional (contrariando con ello la opinión de los expertos), es porque a estas alturas del fútbol ya no estamos para cuentos ni fuegos artificiales.

Que se haya ido al descanso en ventaja de 1-0, que haya manejado la pelota casi sin oposición del cuadro rival, no significa jugar bien. Jugar bien es hacer lo mismo que hizo el equipo de Rueda, pero con claridad y profundidad, creándose reiteradas oportunidades de gol -y por cierto convirtiendo una porción al menos de esas oportunidades- para refrendar su supuesto mejor juego con lo único que en el fútbol importa y manda: anotar en el arco contrario.

¿Cómo se puede afirmar, entonces, que la Roja hizo en esa primera etapa un “gran partido”? ¿Cómo, si aparte del gol anotado por Parot, cuando se jugaba el minuto 19, los hombres de Rueda fueron incapaces de crearse ocasiones claras de vencer al meta hondureño López?

Hacer lo que la Roja hizo, es lo más fácil del mundo: tener la pelota tocando hacia el lado, hacia atrás, y de tanto en tanto, tibiamente, cortito hacia adelante. La “posesión de pelota”, que le llaman. Las transmisiones televisivas nos tienen harto de esa estupidez, otorgando porcentajes a ambos equipos, como si eso tuviera alguna importancia o diera puntos para, como en el boxeo, ganar por las tarjetas.

¿Todavía no se enteran, giles, de que Francia fue campeón del Mundo en Rusia 2018 teniendo muy poco la pelota en cada partido? No les interesaba. No estaban ni ahí con esa máxima de la “escuela Rierista” que enseñaba que “mientras tengamos nosotros la pelota, ellos no nos pueden hacer daño”. La realidad ha demostrado, hasta la saciedad, que tal concepto está más pasado de moda que las polainas, pero en nuestro país, hasta el día de hoy, hay una legión de técnicos continuadores del “Tata” que siguen aferrados a esa tan inútil como estúpida máxima.

Convengamos, entonces, que la Roja durante 45 minutos hizo un partido a gusto de la gilada, moviendo la pelota de allá para acá ante un equipo que, además, marcaba tan mal que facilitaba el carnaval de insulsos toques rojos.

Sin embargo, bastó que el técnico de Honduras, el uruguayo Coito, remeciera su anodina formación con cuatro cambios, para que la segunda etapa alcanzara una intensidad que hasta allí había escaseado. Resultado: a la Roja se le extravió la pelota y el protagonismo que alcanzó el cuadro hondureño hacía presagiar que en cualquier momento traduciría en goles ese mejor juego.

Mucho se demoró en igualarlo. A la altura que empató Elis (minuto 73), el área nacional había pasado ya varios sofocones. Y siete minutos más tarde, ante un equipo que no mostraba fútbol ni poder de reacción, como no fuera anotando gracias a un mal despeje, o un rebote, Honduras llegó a la segunda cifra, la que significaría la merecida victoria del cuadro centroamericano.

Para que el gol se produjera, sin embargo, tuvo que producirse una falla gigantesca de Parot, que dicho sea de paso no logra hacer olvidar a Beausejour. Frente a un pase largo, de relativamente fácil control, cometió un error tan básico como imperdonable por parte de un tipo de primera división que, además, exhibe un paso por el Rosario Central de Argentina: marcó por dentro, cuando era obvio que debía cerrarle el paso a la escapada que el delantero intentaría por fuera.

Rivas aprovechó la chambonada mayúscula de Parot para meter desde la línea de fondo el centro que en la boca del arco conectó Rubio, al igual que Rivas ingresado en el segundo tiempo.

¿Qué deja esta fecha FIFA? La confirmación de que Bravo sigue siendo el número uno. Que Paulo Díaz (más allá de algún error puntual) es un jugador fiable. Que, por último, en el mediocampo hay jugadores que pueden hacer satisfactoriamente la pega. Como Baeza, que sin embargo no entra al área rival ni aunque vea tirado un billete de 20 lucas.

De allí para arriba, el panorama es cada vez más desolador. Rueda probó nuevamente a Rubio y le dio por primera vez la oportunidad a Meneses. Y ninguno dio el ancho. Como no lo dieron tampoco, en los minutos que estuvieron en cancha, Jeraldino y Cristián Bravo.

Vargas, otrora goleador, esta vez jugó como cuarto volante. Y disimuló bien su nula aptitud para el puesto tocando hacia atrás y hacia el lado, como el resto del equipo. Pero con él en ese sector Rueda no hizo ningún gran hallazgo.

Pinares tampoco aportó mucho. Sobre la banda derecha durante casi todo el partido, no fue factor para una ofensiva absolutamente anémica. Valdés, ingresado en los 10 minutos finales, ratificó una vez más su absoluta intrascendencia. Como en el majadero caso de Sagal, no se explica que Rueda siga poniéndole fichas después de tantas oportunidades desperdiciadas.

Hasta se perdió la posibilidad del empate cuando faltaban 5 minutos. En la boca del arco, sin oposición, cabeceó en forma horrible un centro de Parot.

Lo peor de todo es que, aparte de estos muchachos delanteros convocados por Rueda para esta fecha FIFA, no hay más a lo que echar mano.

Lo dicho tras el empate sin goles frente a Argentina, pues, tiene plena vigencia: un equipo que, como la Roja, carece por completo de “punch” ofensivo, no puede tener un paso feliz por las clasificatorias que parten en marzo del año próximo rumbo a Qatar.

PORMENORES

Partido amistoso internacional.

Estadio: Olímpico de San Pedro Sula.

Público: 25 mil espectadores, aproximadamente.

Arbitro: Juan Calderón, de Costa Rica.

HONDURAS: L. López; Crisanto, Maldonado, Figueroa, Alvarado; Acosta (46’ J. Rubio), Garrido (46’ Pineda), Chirinos (46’ Rivas); Elis (88’ Pereira), Moya (71’ Solano), Bengouché (46’ A. López).

CHILE: Claudio Bravo; Opazo (74’ Bizama), Díaz, Vegas, Parot; Pinares (79’ Cristián Bravo), Baeza, Vargas (79’ Valdés), Aránguiz; D. Rubio y Meneses (63’ Jeraldino).

GOLES: Para Honduras, Elis a los 73’ y Rubio a los 80’; para Chile, Parot, a los 19’.

Tarjetas amarillas: En Honduras, Garrido, Acosta y Alvarado; en Chile, Díaz y Parot.