Una Sub 17 «fiel» a la historia

La selección que disputará el Sudamericano de Lima a partir de este 21 de marzo despierta  las mismas dudas que sus antecesoras desde 1999. Su nivel no da para ilusionarse y es mejor esperar con mucha cautela su desempeño en el torneo que dará boletos para el mundial de octubre.

Es tan endeble el piso sobre el cual caminan hoy las selecciones nacionales, que en cada Roja que acuda a una competición internacional el medio soñará con descubrir una nueva camada que nos devuelva al sitial en el que estuvimos durante una década.

No ocurría eso antes. A todo torneo el fútbol chileno acudía consciente de sus limitaciones y con la modesta ilusión de “hacer un buen papel”. A nivel infantil y juvenil la mirada era incluso más benévola y se advertía sobre lo injusto y pernicioso de hacer cargar a los chicos la responsabilidad de limpiar una historia de fracasos.

Pero ahora -sin recambio de categoría a la vista, como lo demostró el período experimental de Reinaldo Rueda- no habrá selección que se libre de la presión de tener que demostrar que sí es la redentora.

Así le ocurrió en enero a la fracasada Sub 20 de Héctor Robles y así se repetirá con la Sub 17 que dirigida por Hernán Caputto disputará el Sudamericano de la categoría en Perú que dará cuatro cupos para el Mundial calendarizado para octubre de este año y cuya sede es ahora una incógnita luego que la FIFA le quitara la localía al propio Perú por no poder cumplir con todos los requisitos exigidos.

Entre el 21 de marzo y el 14 de abril, en duelos que se disputarán todos en el estadio San Marcos de Lima, el equipo de Caputto procurará repetir la exitosa actuación de su predecesora en el Sudamericano de 2017 jugado en Chile. Esa vez la selección dirigida también por Caputto rompió una maldición de 20 años sin clasificar a un mundial y, lo peor de todo, sin superar la primera fase de los nueve campeonatos disputados en el intertanto. Ni siquiera lo había conseguido la selección que como local tuvo una decorosa actuación en el Mundial de 2015. En el Sudamericano clasificatorio, que la Rojita afrontó como invitada puesto que tenía un puesto asegurado en la cita máxima, tampoco se pasó la fase de grupos.

Pero hace dos años Caputto y los suyos sí torcieron la historia. Con un juego rústico, dinámico y efectivo, su equipo hizo valer la localía y a punta de resultados estrechos y emotivos clasificó al Mundial de India donde fue apabullado y terminó último en su grupo.

Aun así, obviando la a estas alturas comprobada debilidad de nuestras selecciones menores, el medio espera que Caputto repita la hazaña.

Difícil se ve. La actual Sub 17 no es mejor que su tosca predecesora. Aunque posee más bagaje técnico, peca de los mismos ripios de nuestro fútbol a esta edad: poca madurez táctica y física que suele hacernos sucumbir ante rivales que crecen antes.

Camino largo y frustrante

La actual es una generación que se conoce de memoria desde hace más de tres años pues se reunió por primera vez como Sub 15 bajo las órdenes de Cristián Leiva.

Su primer sudamericano lo jugó a fines de 2017, quedando eliminada en primera fase. De nada le valieron sus triunfos 7-0 y 2-1 sobre República Checa (invitada) y Colombia, e igualdades 1-1 y 2-2 con Uruguay y Argentina, porque su derrota 0-2 frente a Paraguay la privó de un paso a la segunda fase que probablemente merecía.

A la postre sería esta su mejor actuación internacional.

Porque su segundo certamen de nivel significó un retroceso y abrió las dudas que ahora, en la víspera del Sudamericano, subsisten. Ya como Sub 17, y bajo el mando de Caputto, quedó eliminada en la última Copa UC, en diciembre pasado. En la fase de grupos perdió 0-1 con Ecuador, 1-2 con Paraguay e igualó 0-0 con México. En la disputa por el quinto puesto perdió 1-2 con Colombia y finalmente se quedó con la séptima ubicación al vencer en penales a México, con la que empató 2-2 en el tiempo reglamentario.

Son todos resultados que demuestran que este grupo rinde con algo de dignidad a nivel sudamericano, pero que no sabe dar los golpes precisos para obtener logros.

Quiénes son

A lo largo de un año de preparación Caputto convocó a poco más de 60 jugadores. En contraste con lo ocurrido en los últimos procesos, esta vez Colo Colo recuperó su primacía histórica en las nominaciones. Doce de sus jugadores fueron llamados durante el ciclo y siete de ellos quedaron en la nómina final. Esta preeminencia es coherente con la calidad -a nivel doméstico- de esta generación alba, tetracampeona desde la categoría sub 13 hasta la sub 16, el año pasado.

Un ejemplo de su valía es el arquero Julio Fierro, titular en la selección y ya subido al plantel adulto albo. También resalta el volante mixto Vicente Pizarro, hijo del Káiser, capitán en el título de la Copa Libertadores.

No podía faltar tampoco el aporte foráneo. Esta vez con el arquero Vicente Reyes (Atlanta United), constantemente convocado y que perfectamente puede disputarle la titularidad a Fierro. Más difícil la tuvo el volante Nayel Mehssatou Sepúlveda, de padre marroquí y madre chilena, jugador del Anderlecht y ex seleccionado Sub 15 de Bélgica. Fue llamado a última hora y tuvo mínimo tiempo para desbancar a volantes que se conocen de memoria, quedando finalmente afuera.  

La lista definitiva de 23 jugadores incluye, aparte de los siete albos, a tres de la UC y O’Higgins, dos de la U y Wanderers y uno de Atlanta United, Everton, Huachipato, Magallanes, Cobresal y Unión Española.

El equipo que se perfila como titular parte con Julio Fierro (CC), en el arco; David Tati (CC), Patricio Flores (UC), Daniel González (W) o Nicolás Garrido (CC) y Cristián Riquelme (Everton); César Pérez (Magallanes), Vicente Pizarro (CC) y Alexander Aravena; (UC), Kennan Sepúlveda (W), Gonzalo Tapia (UC) y Alexander Oroz (CC).    

Muchos méritos no han hecho, en todo caso.

La última prueba de fuego para la selección fue un triangular con Paraguay y Japón disputado a fines de febrero en San Bernardo. Los resultados fueron desalentadores. Dos derrotas que dejaron a Caputto buscando una fórmula postrera para sacarle mejor rendimiento a sus dirigidos.

En el Sudamericano la Roja quedó en el grupo A, junto al local Perú, Ecuador, Venezuela y Bolivia. “Qué más fácil”, puede razonar más de algún despistado. Pero tal como se explicó en la nota previa del reciente Sudamericano Sub 20, habrá que repetir que en los torneos de menores el fútbol sudamericano se volvió muy parejo y que acá no corren las tradicionales segregaciones adultas de grandes y chicos. Sin ir más lejos, Venezuela es el actual subcampeón mundial Sub 20 y Ecuador el nuevo campeón continental de la categoría.

Dicho aquello, no es alentador que en el debut del 21 de marzo la Roja se las vea con el local Perú, con el que igualó 1-1 y fue goleada 1-4 en dos amistosos jugados a fines de enero en Lima. Su segundo rival, el día 25 (tras quedar libre en la segunda fecha) será Ecuador, que la venció 1-0 en la última Copa UC. Con Venezuela y Bolivia, sus últimos contrincantes del grupo no hay enfrentamientos recientes. En el Sudamericano anterior, el disputado en Chile, sí los hubo, y en ambos encuentros la Roja logró imponerse 1-0. Con Bolivia, sobre todo, fue un triunfo con sabor a desquite, porque en la larga sequía nacional en este nivel iniciada en 1999, los altiplánicos doblegaron cuatro veces a los chilenos y les concedieron solo un empate.  

Después de todo lo descrito, lo único claro es que la Sub 17 no la tendrá fácil.