Una trama de azul oscuro: poderes, intereses y presiones tras el portazo de Kudelka a la U

El técnico argentino no pudo terminar su contrato y, en un ambiente de tensión constante, prefirió dimitir luego de un periodo tan complejo como nebuloso dentro y fuera de la cancha.

Las sombras de la gestión directiva se proyectan a la oscuridad de la U en la cancha. Nada es gratuito ni al azar, y la previsible partida del técnico Darío Kudelka sólo agregó otro episodio bochornoso a una situación que se estira casi una década y que, inevitablemente, refleja opacidades de mayor profundidad, más relacionadas con la política deportiva y la toma de decisiones que con el gol perdido por Torres o el que no atajó Herrera frente a Unión Española.

    Al margen de las simpatías o anticuerpos que el argentino Kudelka generara en la prensa y en la hinchada, su renuncia forzada corresponde a otro eslabón de una cadena: diez entrenadores pasaron por la U en los últimos nueve años, como secuencia del título sudamericano y el ciclo agotado por Jorge Sampaoli en el banco universitario. Cuatro argentinos, un uruguayo y cuatro chilenos asumieron un cargo que, en rigor, no escapa a la norma imperante en el fútbol actual, internacional o criollo. Después del seguidor doctrinario de Marcelo Bielsa, en la U dirigieron Darío Franco (2013), Marco Antonio Figueroa (2013-2014), Cristián Romero (2014), Martín Lasarte (2014-2015), Sebastián Beccacece (2016),  Víctor Hugo Castañeda (2016),  Ángel Guillermo Hoyos (2017-2018), Esteban Valencia (interino 2018) Frank Kudelka (2018-2019).

 Lasarte y Hoyos salieron del club sin drama, galvanizados por títulos que, sin embargo, no les garantizaron una permanencia prolongada. El resto rescató elogios tibios y en definitiva cosecharon un término traumático sin perdón ni olvido por las mediocridades del equipo.

Esta vez, en medio de una bruma confusa de poderes internos e intereses cruzados, a Kudelka no le bastó con la buena campaña del 2018 y el fracaso de este año en que no pudo sacar rendimiento a un equipo de figuras discretas remodelado a su antojo. Su producción numérica del 61 por ciento no fue suficiente para darle la continuidad lógica y natural que indicaba el término de su contrato en junio.

Detrás del currículum valorable de Kudelka y de su aparente falta de autoridad y carácter para imponer ideas en la cancha y en el camarín, su atuoeliminación por la vía de una renuncia digna simplemente traduce las intimidades borrascosas de un club de pugnas intestinas y evidentes protagonismos desmedidos.

El presidente Carlos Heller, el gerente deportivo Sabino Aguad y el arquero Johnny Herrera son protagonistas centrales del intrincado manejo institucional que hoy enreda y desorienta al cuadro azul y sus millones de adherentes.Luego de ejercer un poder incontrarrestable desde la presidencia hasta el año pasado, Heller apostó en 2019 por delegar facultades en la gestión del gerente Aguad, empoderado -demasiado según algunos- en el tema de refuerzos y la siempre ríspida relación con Kudelka. El tercer punto del tríangulo es Herrera, indiscutido ìdolo azul que opina de lo humano y de lo divino, al punto de cuestionar el trabajo del propio Heller, convirtiéndose en vocero de un vestuario que no siempre comulga con su explosivo discurso. La frase de Heller en plena crisis del año anterior sigue retumbando casi como un grito del subconciente que hasta ahora, al parecer, no pudo plasmar en el club que sustenta como financista: “No queremos cabrones ni vacas sagradas en el camarín”, expresó un día de intolerancia…

Salvo los resultados irregulares y las promesas futbolísticas incumplidas, el panorama no ha sufrido grandes cambios en los últimos meses. Kudelka vivió amenazado por encontrar el rumbo y, sin fluidez en el trato con Aguad -en medio de rumores intencionados que apuntaban a la amistad del propio gerente con el técnico Guede-, su poder interno se fe resquebrajando hasta dejarse abatir por las presiones externas y los intereses de seguir apostando a la inasible fortuna de técnicos de poca monta.

 Al fin, se va Kudelka, queda un equipo armado y una hinchada desencantada que -más que milagros-, espera decisiones acertadas de la cúpula para reflotar un proyecto que navega y naufraga consecutivamente sin dejar nunca de lado el “salvavidas”…