Veteranos

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Durante el receso del torneo nacional, producto de la pandemia, dos noticias han “remecido” el siempre alicaído mercado interno de fútbol chileno: la incorporación de Humberto Suazo a La Serena, y el retorno a Chile, específicamente a Palestino, del volante Carlos Villanueva.

Por Sergio Gilbert J.

Buenas noticias, porque se trata de figuras de talento. Pero no es para estar demasiado contentos.

Claro, son buenos jugadores ambos y, con seguridad, rápidamente se convertirán en titulares de sus equipos y, en una de esas, serán figuras para que nortinos y tricolores alcancen sus objetivos de corto plazo.

No solo eso. Uno se imagina a Suazo aprovechando las asistencias de Jaime Valdés en La Portada, y al Piña dejándola chiquitita junto a Luis Jiménez en el mediocampo que seguramente tiene en mente Ivo Basay en Palestino y es para frotarse las manos…Pero el problema es que entre todos los nombrados se suman casi 150 años de vida: Suazo (39), Valdés (39), Villanueva (34) y Jiménez (36).

Por cierto, la simple constatación del carnet no puede ni debe ser lo único importante para evaluar a un jugador. Si éste rinde, cumple con los estándares exigidos y tiene la capacidad además de desplegar sus talentos particulares en la cancha, no hay más que valorarlos y disfrutarlos. Sus edades son detalles.

El problema, en realidad, es que ellos no son excepciones. Son la regla del campeonato.

Es cosa de revisar rápidamente la realidad de algunos equipos de la Primera División.

En Colo Colo, pese al proceso de “rejuvecimiento” que se vivió en la época de Mario Salas, subsisten en el plantel Esteban Paredes (40), Miguel Pinto (37) y Julio Barroso (35). En la U, su gran contratación de comienzos de temporada fue Walter Montillo (36). En la UC, el capitán y líder del equipo es José Pedro Fuenzalida (35), mientras que los ex azules Johnny Herrera (39), Mauricio Pinilla (36) y José Rojas (37) son piezas potentes en sus actuales clubes de provincia.

Es decir, ya sea en planteles estelares como en equipos más modestos, las escuadras nacionales han optado por convertirse en receptores de “hombres grandes” que, en el tramo final de sus carreras, se adaptan a los apretados presupuestos de los clubes para extender la permanencia en el fútbol profesional.

Ello sería deseable y hasta plausible si es que la integración de estas figuras ya veteranas fueran utilizadas como espejos en los procesos formativos de esos mismos clubes.

Pero no, lamentablemente no es así.

La contratación de futbolistas por sobre los 35 años denuncian claramente un deseo de no invertir en jugadores jóvenes que, por cierto, imponen un porcentaje alto de riesgo.

Los empresarios y dueños de clubes, en su mayoría, sacan la cuenta de que les sale más a cuenta mantener un par de veteranos que con su nombre pueden convocar a los hinchas y auspiciadores, que apostar a un trabajo con jóvenes que necesariamente podrían convertirse en figuras pero en un tiempo mayor.

Sí, qué bueno será ver a Chupete Suazo compitiendo con Paredes el título de goleador. Y a Pinilla metido en ese lote. Y disfrutar del talento del Pájaro, de Jiménez, de Villanueva y de Montillo. Y las atajadas de Johnny.

Pero eso es lo que decíamos hace cinco años. 

No es para alegrarse.