Blanco y Negro

¿Y por qué no un Plebiscito para Colo Colo?

Así como el pueblo votará este domingo si quiere seguir con la Constitución del dictador, la hinchada alba también podría exigir un acto similar, para que sus socios e hinchas decidan si quieren que su club siga usurpado por Blanco y Negro. Después de todo, en el origen de la Concesionaria también hay ilegalidad, abuso y más de un hecho turbio.

Por EDUARDO BRUNA

Así como este domingo se llevará a cabo un Plebiscito para mandar al basurero de la historia una Constitución que, por más maquillajes que le hayan puesto, sigue siendo ilegítima, abusiva y espuria, ¿por qué la hinchada alba, mayoritaria en el país, no se moviliza y exige también un acto similar para saber si quieren o no seguir con Blanco y Negro y el nefasto papel que ha jugado la Concesionaria durante estos largos e interminables quince años?

Después de todo, estos sinvergüenzas fracasados sólo pudieron usurpar a Colo Colo luego que, provocándole los poderes fácticos de este país al club una quiebra tan ilegal como tramposa, se diera el primer paso para implantar este esperpento de organización futbolista que ha resultado el mayor de los fiascos.

Porque a estas alturas del partido está más que claro que el sistema de Sociedades Anónimas Deportivas, absolutamente corrupto además de nefasto, al igual que la Constitución del dictador, ya no da para más. Urge terminar cuanto antes con este engendro que no ha servido para nada, como no sea para darles notoriedad pública a pintamonos que, aparte de saber de fútbol tanto como yo de astronomía, se han mostrado como unos absolutos y totales ineptos.

Se suponía que llegaban al fútbol con ideas nuevas. A imponer, gracias a los brillantes cerebros que cada institución poseería entre sus dirigentes más connotados, una profesionalización de la actividad, una seriedad administrativa que estos zopencos juraban jamás antes había existido, cuando nuestros clubes eran Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro. 

Para que lo sepan, manga de patanes incapaces y frescos: un fútbol de Corporaciones de Derecho Privado sin fines de lucro fue capaz de ganar una Copa Libertadores y poner a otros tres clubes (Unión Española, Cobreloa y Universidad Católica), al menos en la antesala del logro. Fue con un fútbol de esa estructura que Colo Colo y Universidad Católica pudieron tener sus propios estadios, sin pedirle ni un solo peso al Estado. Fue ese vilipendiado sistema, vigente durante más de ochenta años en nuestro medio, el que entregó sucesivas generaciones de grandes jugadores, para culminar con esa “generación dorada” que convirtió a nuestro fútbol en dos veces campeón de América, aparte de guapearle al más pintado en cualquier país y en cualquier cancha del mundo.

¿Qué los muchachos obtuvieron ambos logros en el nuevo sistema? Cierto. Pero todos ellos fueron fruto de esos clubes libres que, sin sufrir todavía la plaga de langostas que se abatió luego sobre ellos, pudieron producir jugadores de nivel internacional capaces, además, de triunfar individualmente en cualquier país del orbe. 

¿Qué jugador de real nivel internacional han producido ustedes en tres lustros de su sistema de morondanga, tropa de frescos? Ninguno. Y por eso el pobre Reinaldo Rueda se devana los sesos y pierde el sueño convocando pataduras que -ingenuo él- logren el milagro de por lo menos acercarse, futbolísticamente hablando, a esos muchachos que queman ya desgraciadamente sus últimos cartuchos.

Colo Colo es el más claro ejemplo de esta debacle. Una vez más dio pena afrontando un torneo internacional y en el Campeonato Nacional reza porque los astros alguna vez se alineen para poder ganar un miserable partido. Desde el regreso del fútbol -increíblemente en medio de una brutal pandemia- el “Cacique” ha jugado siete partidos y no ha ganado ninguno. Apenas puede exhibir tres empates miserables, contra cuatro derrotas en su propio estadio, antes un recinto casi inexpugnable.

Está, para que lo tengan claro, absolutamente penúltimo, con el agravante que, en una de esas, hasta juega peor que Deportes La Serena, el colista absoluto. Dicho con toda claridad, después de casi un siglo de vida institucional está viendo más cerca que nunca el fantasma de los “potreros”, como se le decía antes al Ascenso o Segunda División, en épocas que, sin gobiernos imbéciles y alcahuetes, no existían ni de lejos los estadios hermosos que gratuitamente les construyeron -con plata de todos nosotros- a estos sinvergüenzas y buenos para nada, en lugar de dedicar esa plata a escuelas u hospitales.

En Colo Colo el asunto no da para más. Con un equipo conformado mayoritariamente por futbolistas mediocres, el “Cacique” ni siquiera es capaz de producir sus propios jugadores, esos que surgían cuando los ingresos se invertían -entre otras cosas- en las series menores, y no en entregarles dividendos a los accionistas, como ocurre ahora. Muchachos como Branco Provoste, Williams Alarcón, Carlo Villanueva, Iván Morales y algún otro carecen del nivel como para ponerse la camiseta más exigente del país en lo que a clubes respecta. ¿Dónde están los sucesores de Arturo Vidal, Jorge Valdivia, Claudio Bravo, Matías Fernández y Miguel Riffo, manga de ineptos aprovechados?

Ahora lloran por ese millón de dólares que se les esfumó luego del papelón del equipo frente al Wilstermann boliviano. Frente a la posibilidad de reemplazar a Matías Zaldivia, descartado para lo que resta del año, alegaron que no había plata, antes de romper el chanchito para traer de apuro al uruguayo Maximiliano Falcón, del club Rentistas. Como tampoco la habría para aprovechar esa ventana que se abre una vez que concluya la primera rueda del campeonato, y que les permitiría asegurarse al menos tres refuerzos, que harta falta que les hacen al menos para escaparle a las últimas posiciones.

¿Y qué hicieron, frescolines, con los más de tres millones de dólares que recibieron por la entrega en concesión por quince años del Canal del Fútbol a la transnacional Turner? En forma tan escandalosa como vergonzosa, Blanco y Negro se sumó al resto de los clubes que también recibieron esa suculenta cantidad de dólares y que ahora lloran miserias. Suma que, menos de un año después, increíblemente se les había hecho sal y agua.

Se podría entender si la hubieran invertido en una sede, en un campo deportivo, en la contratación de un jugador de jerarquía, como los que llegaban antes a nuestro fútbol, pero no, nunca sucedió nada de eso. Por eso la pregunta tiene más validez que nunca: ¿qué hicieron con toda esa plata, manga de frescos?

Convengamos que los clubes, a raíz de la pandemia, han debido sostener nueve fechas sin público en las gradas. Pero no se pasen de listos, porque antes que ustedes llegaran a emporcar el fútbol chileno los clubes -Colo Colo entre ellos- consideraban los ingresos por ese item un asunto casi marginal. Y, por lo demás, desde que está el Canal del Fútbol, que les asegura un respetable ingreso cada treinta días, para ustedes se volvió todo un cacho tener que contratar guardias que garanticen la seguridad del mediocre espectáculo que deben presentar. Simplemente, porque Carabineros está para apalear gente, producir tuertos en cantidades industriales y agarrarse con el lumpen que malea y desprestigia las legítimas manifestaciones de la gente, pero no como guardia pretoriana de privados que con el fútbol hacen un negocio.

De todas las concesionarias que rigen a los clubes de nuestro fútbol, Blanco y Negro ha resultado la peor de todas. Hoy es presidida por un tipo que, como Aníbal Mosa, suele tener una conducta errática y muchas veces imprevisible. De pronto es íntimo con los jugadores, pero no ha titubeado en hacerles la desconocida cuando de cuidarle la plata a la Concesionaria se trata.

Que Blanco y Negro se haya acogido a esa Ley de Protección del empleo que inventó el gobierno de Piñera para cuidar de preferencia a las empresas, significó que, a partir de mayo, los jugadores dejaran de estar sujetos a una rutina de preparación -aunque fuera virtual-, con la cual mantener una condición física al menos decente. En otras palabras, y suspendido el vínculo contractual, cada jugador albo hizo lo que quiso y ahora se están pagando las consecuencias. Ello explica los constantes papelones que ha protagonizado el “Cacique” post-pandemia. ¿Qué otra cosa se puede esperar de jugadores del montón que ni siquiera están afinados físicamente? Sólo los talentosos, los realmente buenos, pueden de tanto en tanto lanzar una canita al aire y por lo menos pasar colados (sólo en nuestro fútbol, vale la pena aclararlo). Pero no aquellos que no saben controlar una pelota en velocidad, que dan un pase a cinco o diez metros y les sale desmedido y que, con el balón en los pies, tienen tantos recursos y talento como el Checho Hirane dándoselas de comunicador en la tele.

Lo más triste para el “Cacique” es que, con estos usurpadores de Blanco y Negro, prácticamente no ha tenido presidentes que den la talla. Levy, Mackenna y Tapia jamás dejaron huella, al paso que Gabriel Ruiz Tagle, al que deportivamente hablando no le fue nada de mal, resultó un pillo de siete suelas, un delincuente de cuello y corbata.

Que agradezcan estos ineptos y sinvergüenzas que la pandemia que nos azota sigue impidiendo que la gente pueda asistir a los estadios. Porque ningún socio o hincha albo en las gradas habría podido quedarse impávido viendo lo mal que juega su equipo, al punto que hasta en el Monumental le gana cualquiera. Ninguno habría sido capaz de tolerar tanto papelón consecutivo. Nadie podría aceptar, de buenas a primeras, que su equipo esté más cerca que nunca de perder la categoría, en circunstancias que para el albo de cuna no ser campeón constituye todo un fracaso.

Lo dicho: las Sociedades Anónimas Deportivas no dan para más. Blanco y Negro tampoco da para más. Que las hinchadas se unan, así como se unió el pueblo ese histórico 18-O del año pasado, y exijan un Plebiscito para terminar de una buena vez con este nefasto y corrupto sistema impuesto desde arriba y sin consultarle a nadie.

Colo Colo, como club, históricamente en nuestro fútbol fue siempre pionero. Es hora de que sus hinchas también lo sean y encabecen la pacífica pero decidida rebelión contra la usurpadora e inepta Blanco y Negro.