¿Y qué fue de la vida de Patricio Tombolini?

Inauguró la secuencia de políticos de alto rango acusados de corrupción. Fue procesado y hasta estuvo preso, pero finalmente la Corte Suprema, atendiendo pruebas que el juez Carlos Aránguiz nunca consideró, lo declaró inocente de todos los cargos por 5 votos contra 0. Hoy, sigue siendo el “animal político” de siempre, pero desde un segundo plano en su partido: el Partido Radical Social Demócrata.

¿Qué pasó con Patricio Tombolini, uno de los primeros políticos chilenos, si no el primero, acusado de corrupción, para luego ser declarado absolutamente inocente por la Corte Suprema? Legítima duda, sobre todo considerando que, aparte de ejercer importantes cargos en dos gobiernos de la ex Concertación, Tombolini fue siempre lo que se llama “un animal político” que, sin embargo, después de ese mediático episodio desapareció por completo del primer plano de la escena cívica nacional.

Militante desde niño de un partido tradicional e histórico, como el Radical, que hasta eligió tres Presidentes de Chile (Pedro Aguirre Cerda, Juan Antonio Ríos y Gabriel González Videla), Tombolini nunca más fue considerado para ejercer responsabilidades en ninguno de los dos gobiernos de Bachelet. Y ni hablar ahora.

El tiene claras las razones: “Me lo dijo una vez mi gran amigo Marinakis: cuando te salpica la mierda, aunque te bañes mil veces la gente siempre te va a encontrar mal olor. Pero a estas alturas ya no me preocupa. Demostré mi absoluta inocencia ante mi familia y amigos y es lo que me importa. Por lo demás, con 68 años y de profesión ingeniero comercial, sigo haciendo de todo, y participando activamente de mi partido, ahora el Partido Radical Social Demócrata”.

-Revisando los antecedentes de la causa en que usted fue acusado de cohecho, por un señor Carlos Filippi, dueño de una planta de Revisión Técnica en Rancagua, pude ver que el pedido de plata se lo había hecho un señor Víctor Manuel Rebolledo, que el vale vista por $ 15 millones lo cobró un señor Eric Leyton y que este documento fue entregado a Alejandro Chaparro, jefe de gabinete de Carlos Cruz, ministro de Obras Públicas y Transportes. ¿Dónde me aparece usted como para haber sido objeto de esta grave acusación?

“Por ninguna parte. Sin embargo, el Ministro de la Corte de Apelaciones de Rancagua, Carlos Aránguiz, ya fallecido, las emprendió en contra mía, como encargado de Transportes del ministerio. El lo único que quería era llegar a la Corte Suprema, y al parecer vio en mí un escalón para lograrlo. Digamos, por otra parte, que Carlos Filippi, un tipo muy hábil, era un financista importante de militantes y de las campañas del Partido Por la Democracia (PPD). Si además Aránguiz tenía un vínculo importante con Filippi, de verdad lo ignoro”.

-Pero Aránguiz tenía que basarse en algo para acusarlo como protagonista principal de este acto de cohecho. Digamos que la causa involucró a varios.

“Ocurrió que, por esos años, mientras las plantas de Revisión Técnica de Santiago ya se habían automatizado, las de Rancagua, que tenía dos, no lo estaban. Es decir, para evitarse problemas, miles de vehículos preferían trasladarse a la VI Región para obtener el permiso. Eran un tremendo negocio. Y es que Filippi no cumplía su labor como plantero. En palabras simples, vendía los certificados. Ocurrió que el dueño de la otra planta falleció, y de acuerdo a la ley ese permiso no era heredable. La viuda, enterada de eso por nosotros mismos, inició los trámites para continuar con el negocio y a mí, como Subsecretario de la cartera y a la cabeza de lo que era Transportes, sólo me correspondía comenzar a tramitar esa nueva concesión, que demoraba algo así como 45 días para renovarla”.

-De acuerdo, pero sigo sin entender el que Aránguiz las haya emprendido gratuitamente en su contra.

“Pasó que Carlos Filippi también quiso quedarse con esa planta, porque ya conté que era un negocio redondo. Y podía, legalmente, obtener esa concesión. El problema es que al parecer estaba tan seguro de obtenerla que, si todos los años, por dar una cifra, iba a la Casa de Moneda a pedir 10 mil certificados de revisión técnica, ahora fue a pedir el doble. ¿Cuál fue su error? Que si planta de la viuda podía ser de su concesión digamos a partir del día 12 de un mes, él empezó a emitir certificados el día anterior, es decir, el 11”.

-En otras palabras, el juez Aránguiz supuso que lo que decía Carlos Filippi, en el sentido de que le había pagado a usted los 15 millones, era cierto.

“Claro, pero yo tuve la  suerte de que, cuando se me acusa y entro en esa vorágine, me llama un señor anónimo que me cuenta que en su poder tenía tres certificados de revisión técnica emitidos por Filippi antes del plazo legal para que su nueva planta entrara en funcionamiento. Dicho de otra forma, cuando yo, por ley, nada había firmado como Subsecretario. Me los conseguí y era una prueba potentísima, porque el cochecho no puede existir en tales circunstancias. La vulneración había corrido por parte de Filippi, no mía. Pero de forma tan indignante como increíble, Aránguiz desechó la prueba , me declaró culpable y me metió preso igual. ¿Qué me quedaba? Defenderme para limpiar mi honra. De esa forma llegué hasta la Corte Suprema”

-Usted, durante ese proceso, la pasó bastante mal. Hasta lo agredió ese señor conocido popularmente como “el viejo del cartel”.

“Sí, se llamaba Bernardo Córdova, y no se perdía visita mía a declarar en Rancagua para encararme y gritarme en la cara “corrupto”, “coimero” y otros epítetos, portando su letrero. El viejo tenía eso por costumbre con distintos procesados, pero yo, que soy aniñado, dije que no lo iba a aguantar. Una o dos veces le respondí tirándole un par de monedas, pero luego un amigo me entregó 5 mil pesos en moneda de a peso, que en ese tiempo eran más grandes y pesadas que las que vinieron después, pequeñitas y de aluminio, y el viejo no pudo disimular su sorpresa, porque esta vez sí le apunté”.

-Según tengo entendido, después quiso abuenarse con usted.

“Sí, pero yo no acepté su pedido de reunión. Me había humillado demasiado. Si hasta un gato tenía al que llamaba Tombolini, porque según él era muy ladrón. Creo que lo motivaba un deseo enorme de figuración y de hacerse popular, porque después hasta se presentó como concejal a una elección municipal y perdió.

-¿Esperaba de verdad mejor suerte en la Corte Suprema?

“Uno siempre tiene sus dudas, pero siempre confié en mi inocencia y en esas poderosas pruebas que Aránguiz desestimó de plano. Naturalmente que, cuando la Suprema me absolvió de todos los cargos con un rotundo 5-0, por fin me sentí en paz y tranquilidad. Lo que son las cosas: Aránguiz efectivamente llegó a la Corte Suprema, pero apenas alcanzó a estar unos meses y falleció. Debo confesar que su muerte no me alegró, pero tampoco me puso triste”.

-Tengo entendido de que usted esperaba otro gesto de Ricardo Lagos.

“Por supuesto que sí. Una vez se lo dije: Presidente, gracias a mi caso usted limpió su gobierno. Esas cosas duelen, porque lo había tenido en mi casa incluso. Hasta recuerdo una vez que, viendo que comenzaban las noticias en los canales, se fue a la pieza de mi hija, Camila, y se sentó en el borde de la cama para verlas”.

-Pero sí tuvo usted, demostrada su inocencia, una gran satisfacción.

“Es verdad: fue cuando el Senado, de manera transversal, me rindió un homenaje que para mí fue todo un desagravio. Porque no sólo participó gente de mi coalición política, también lo hicieron senadores de la UDI y de Renovación Nacional. ¿Cómo no iba a ser reconfortante si en 200 años de historia Patricio Tombolini es el único que ha podido vivir una ceremonia republicana así”.

-¿Por qué cree que, sin embargo, eso no permanece en la memoria colectiva? A usted se le sigue recordando por su procesamiento por cohecho y por sus peleas con el viejo del cartel.

“Es por lo que te decía antes: cuando a una persona le hacen una acusación tan grave, como ser corrupto, aunque después demuestre su total inocencia le va a ser imposible quitarse la chapa de sinvergüenza. Aparte, tuve mala suerte…

-¿A qué se refiere?

“A que ese acto del Senado coincidió con un paparazeo a Cecilia Bolocco, mostrándola totalmente desnuda junto a un tipo en Miami, creo, al borde de una piscina. Cuando eso apareció en primera página de todos los diarios, ¿a quién le podía interesar el acto del Senado por Patricio Tombolini?”.

-¿Tiene algún cargo directivo en su partido, el Radical?

“Fui presidente años atrás, pero ahora sólo estoy dedicado a aspectos orgánicos del partido, como ayudar a decidir quiénes podrían ser nuestros mejores candidatos para una determinada elección, por ejemplo. Respecto de la actual directiva, siempre estamos dialogando. A veces nos escuchan y otras veces no”.

-Específicamente, ¿de qué vive hoy Patricio Tombolini?

“En los momentos malos tuve el apoyo invaluable de mi señora, que siempre se desenvolvió muy bien en el mundo privado. Yo soy ingeniero comercial y contador auditor, lo que me ha permitido, en los últimos años, prestar diversas asesorías en el ámbito profesional. Pero como igual hay que rebuscárselas, con un amigo iniciamos un emprendimiento para vender artículos para combatir la pandemia, y ahora nos concentramos en los bienes raíces. Aparte de eso, tengo otro emprendimiento, en instagram, llamado casaycolor.cl, donde vendemos artículos para adornar casas. No me puedo quejar. A mis 68 años sigo más activo que nunca”.