Retiro de Pelé

… Y un día también se fue Pelé

Que lindo es esto, reflexiono antes de saber que pasará. La gente, los posters, las escaleras mecánicas, los teléfonos disponibles. Y después, la sala de prensa, el lugar designado y respetado, los televisores en colores. Colegas y amigos de todas partes. Se retira Pelé.


Por HÉCTOR VEGA ONESIME

Te fuiste Pelé -diría el poeta-,
Dejando una estela de gloria y admiración,
Y ya duele el vacío del ébano milagroso y genial
Te fuiste Pelé, un día gris, 
Cuando vaya a saber que extraños duendes,
Desataron las furias del tiempo. 
No era lluvia, era diluvio, tormenta, vendaval.
Era -y déjame ser cursi- el llanto desconsolado
De millones de niños, millones de hombres, millones de fantasmas.
No, si no fue fiesta.
A pesar de todo el color y la música que se puso.
No podía ser fiesta. 
Si te ibas Pelé… 
Dejabas al fútbol en la más triste soledad.
Sin magia, sin imaginación.
Por eso llovía, 
por eso todos se quedaban debajo de esa lluvia.
Querían sufrir porque era una tarde sufriente. 
Y pensaban en Suecia, en Chile, en Méjico.
Y pensaban en Santos, en Coutinho, en las “tabelas”.
Pensaban en el gol mil, en reyes, en príncipes.
Historia, ya sos pura historia.
Y siento el agobio de buscar palabras 
Que digan lo indecible.
Quiero cantarte y las musas no acuden.
Te fuiste, Pelé. Te seguiremos esperando.
Siempre.

El sábado 1° de octubre. Se lo cuento. Trataré de ser rigurosamente fiel. Fue más o menos así.

Por la mañana recorro los quioscos. Los diarios se inundan de Pelé. Su vida, sus triunfos, sus declaraciones. Hablan de la forma en que creció el fútbol en estados Unidos con sus actuaciones. Recuerdan la última gira del Cosmos. Lawrie Mifflin, la diminuta especialista de soccer del “Daily News” anecdotiza sobre esa gira, contando cómo se pelearon los parlamentarios de la India para conseguir las mejores entradas del amistoso que se jugó allí.  
Vamos para el Giants Stadium, el mismo que yo había conocido (y que me había deslumbrado) cuando fue la presentación de Beckenbauer. Siento que mi capacidad de asombro se dilata. A pesar de aquella noche de Beckenbauer. Es el show. A la americana. De colores restallantes, de informalidad deportiva. Muchachones jugando picados en la calle. Un cosquilleo de satisfacción me recorre el cuerpo.

Qué lindo es esto, reflexiono antes de saber que pasará. La gente, los posters, las escaleras mecánicas, los teléfonos disponibles. Y después, la sala de prensa, el lugar designado y respetado, los televisores en colores. Colegas y amigos de todas partes. Se retira Pelé. Día histórico este 1° de octubre. La ceremonia bien yanqui. La organización bien yanqui. Carpetas, bolsos, souvenires…

Llegué a las doce, mediodía. Caminé lentamente. A la una estaba en mi asiento. De pronto, dentro de una carpa polícroma, empieza a estallar música moderna. Jóvenes de pantalones azules y remeras amarillas. Tocan y danzan. Banderas con el “Than’s Pelé” se desparraman por la tribuna. En el medio del campo un estrado sobrio, bajo, de color azul. Y dos micrófonos. A las 13,30 se acaba la música. Tres minutos más tarde ingresa Muhammad Alí protegido por su corte de guardaespaldas. Otra vez vestido de negro como en la noche de su pelea. Indiferencia del público. Algunos silbidos. 

Pelé con el Héctor Vega Onesime, autor de la nota.

El show va penetrando por sus resortes más espectaculares. Repentinamente ingresan montones de niños mientras el anunciador por los parlantes presenta “A la nueva generación”, que acaso asegure el futuro venturoso del futbol en Estados Unidos. Ese futuro que admite la paternidad del rey Pelé. Son de distintas ciudades y de distintos clubes. Forman círculo y hacen demostraciones de destreza. Luego dos niños por equipo se desprenden del grupo con la misma intención. Es como decir lo que Pelé ha sembrado. Además, se observó un hecho curioso: entre los chicos hay mujeres.

ADHESIONES ILUSTRES

Frank Gifford, con saco amarillo y voz de comedia musical, se instala en el estadio. Anuncia con gravedad y protocolo. Bellini, Mauro, Bobby Moore, Carlos Alberto, Franz Beckenbauer. Los capitanes de los equipos campeones del mundo de todos los torneos en que participó Pelé. Se agrega Alí.

El turno de directivos o políticos. El señor de Tres Corazones al que había visto en la conferencia de prensa de Pelé el jueves. Se llama Odison Rozende Andrade y es el alcalde del pueblo donde nació el astro brasileño. Medallas de oro, plaquetas, un miembro de la CBD, el canciller Azeredo da Silveira. Faltan cuatro minutos para las dos de la tarde. Habla Pelé. Su pequeño discurso concluye invitando a la concurrencia a gritar con él “¡LOVE, LOVE, LOVE!” (AMOR, AMOR, AMOR). La gente responde. Pelé llora, Carlos Alberto lo abraza. Este es Pelé. El HOMBRE. Se seca las lágrimas, reparte algunas pelotas. Muhammad Alí recibe una. El público aplaude o grita. El show vuelve a penetrar en profundidades emotivas. Que se sabe son armadas prolijamente, pero a pesar de eso, llegan a los sentimientos.

A las dos de la tarde van ingresando uno por uno y anunciados por los parlantes los jugadores del Santos. Pelé los espera en el centro del campo y los saluda. Luego los del Cosmos y la gente tiene reservada para Franz Beckenbauer la máxima ovación. El Kaiser parece haber recibido el legado de Pelé. Y la tremenda responsabilidad desde cubrir el talento que desde esa tarde faltarán en el Cosmos. Fotos de Pelé con el Cosmos. Fotos de Pelé con el Santos. El himno de Estados Unidos. El himno de Brasil

UN PARTIDO DE FÚTBOL

Comenzó a las 14,20 y en el primer tiempo Pelé jugó para el Cosmos. ¿Qué hará Pelé? ¿Qué hace Pelé? Eso es lo único que importa en la tribuna. También en la sala de prensa. Pelé, como este partido, es sólo un símbolo. Viéndolo es la mejor forma de asociarse a la decisión de dejar el fútbol. Todo pasa, Pelé no es la excepción. El tiempo, que no sabe de nostalgias (o acaso porque sabe mucho), destruyó implacablemente los atributos del crack. Aún así, lento y repetido, no podrá cambiar un veredicto inapelable. Un veredicto que lo consagró EL MAS GRANDE FUTBOLISTA DE LA HISTORIA.

A los 14 minutos gol del Santos. A los 39 la lluvia penetra solapadamente. El show tiene -a pesar suyo- un nuevo y dramático accesorio. El público no se mueve. A los 42,30, un violento foul de Alfredo al puntero derecho del Cosmos. Treinta y cinco metros. Línea casi recta. Barrera y Pelé. Derechazo bajo junto al palo izquierdo. Gol. Minutos más tarde lo sabríamos. FUE EL ÚLTIMO GOL EN LA VIDA PROFESIONAL DE PELÉ. Termina el primer tiempo. Un espectador “se juega la vida” pretendiendo cambiar su remera por la camiseta de Pelé. El gordo irascible con quien yo había chocado en la conferencia de prensa del jueves, lo dejó sin esperanza. Pobre tipo…

En el descanso el show continúa. La Escola do Samba “Brasil en Carnaval” desafía la lluvia y la indiferencia. Regresan los jugadores y ahora Pelé jugará para el Santos. Con el clásico 10 que le entrega su propio padre. El locutor anuncia pomposamente “la camiseta número diez del Cosmos NO SE USARÁ NUNCA MÁS”.

Mifflin reemplaza a Pelé en el Cosmos. Y Mifflin será el autor del gol de la victoria si se puede hablar de victoria y derrota. Pelé tiene varias oportunidades para convertir pero no puede. El gol y la red, sus viejos amigos, no quieren satisfacer la última voluntad del rey.

 

Nota de la revista El Gráfico, en la que Héctor Vega fue director, sobre la despedida de Pelé.

ADIÓS

El show da la impresión de no terminarse nunca, aunque el partido haya finalizado. 
La vuelta olímpica. Pelé llora. Trata de sumergirse en la intimidad del vestuario, pero Pelé sabe que no es día para intimidades. Llueve y hasta parece que con más ganas. 
Pelé llora. Su mujer lo aguarda en los camarines. El llanto es un estallido. Me espera el avión, no aspiro a ninguna exclusividad. Me digo hacia adentro “Adiós, Pele”, no sé porque me pareció que me había escuchado. Y que me había respondido.

El fútbol ingresaba en una nueva era: la era post Pelé.

Un hombre que desde esa tarde empezaba a ser definitivamente un mito.
Por la noche dejó de llover…

Revisa las imágenes del retiro de pelé: